Lo peor no son los autores

Mario Muchnik

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Taller de Mario Muchnik. Madrid (1999). 432 págs. 2.700 ptas.

Subtitulada Autobiografía editorial, esta obra contiene las jugosas memorias de uno de los editores más polémicos del reciente mundo literario español. Nacido en Argentina en 1931, hijo del editor Jacobo Muchnik, judío, de formación europeísta y cosmopolita, el autor trabajó como físico y fotógrafo antes de dedicarse a la edición a partir de 1966. Desde entonces, ha ocupado puestos importantes en la editorial de su propio nombre, en Seix Barral y en el grupo Anaya; en la actualidad dirige su propia editorial, el Taller de Mario Muchnik. Sus relaciones con los máximos responsables de las editoriales donde ha trabajado no han sido precisamente pacíficas, de ahí el título del libro.

En estas memorias se huye de la narración cronológica para dejar que el hilo de los recuerdos sean los autores que ha editado. De paso, aunque ligeramente, Mario Muchnik habla también de aspectos más vinculados con el mundo de la edición. Sin embargo, al no abordar de manera directa ni profunda este análisis, lo más atrayente son las numerosas anécdotas que sirven para conocer más de cerca los entresijos del mundillo literario.

Comienza el libro con los numerosos recuerdos que guarda de Rafael Alberti, con el que mantuvo una intensa amistad, que le llevó incluso a editar los últimos libros de La arboleda perdida, sus memorias. Otros muchos capítulos repasan la estrecha vinculación que el autor ha mantenido con algunos de sus autores, como Julio Cortázar, Isaac Montero, Vicente Muñoz Puelles, Ismaíl Kadaré y un largo etcétera en el que, junto a autores de renombre, aparecen otros que han sido apuestas muy personales de Mario Muchnik y que han obtenido dudosos resultados literarios y comerciales. En algunas ocasiones, el lector asiste a ajustes de cuentas de Muchnik con otros autores con los que las relaciones han sido conflictivas.

Otro aspecto que interesa resaltar es la influencia del judaísmo en su concepción de la cultura. Aunque, como él comenta, su intención no ha sido convertir la causa judía en bandera reivindicativa ni en marca distintiva de su editorial, lo cierto es que este asunto ha tenido un peso específico en sus preferencias. Por el contrario, sus referencias al catolicismo revelan bastante desconocimiento.

En estas memorias, Mario Muchnik afirma que sus criterios literarios a la hora de editar han sido siempre fieles al consejo que le dio su amigo Carlos Barral: “No se debe editar con precepto mercantil”. Pero esta máxima no siempre se cumple en su catálogo, aunque él, orgullosamente, se empeñe en demostrar lo contrario. Mario Muchnik ha sido, por ejemplo, el introductor en España de las mediocres novelas históricas de Peter Berling y de Kenizé Mourad.

Lo peor no son los autores es un libro polémico, entretenido, que sirve para conocer mejor el mundo editorial. Pero resulta un tanto superficial, pues lo que podría haber sido un análisis, desde dentro, del ambiente literario español, se ha convertido en el desahogo de un editor personalista y susceptible.

Adolfo Torrecilla

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