Les voy a contar

Planeta.
Barcelona (2012).
646 págs.24,50 €.

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En Les voy a contar, José Bono, expresidente de Castilla-La Mancha, del Congreso y exministro de Defensa, publica la primera parte de lo que dice que es transcripción de un diario que llevó asiduamente desde 1992. No lo llama libro de memorias porque afirma que la memoria es traicionera; esto, en cambio, le parece algo así como un acta notarial.

En realidad, mientras no se contraste con otras fuentes, tan manipulador puede ser un diario como unas memorias. Bono dice tener intención de donar lo no publicado al Archivo nacional o al Congreso de los Diputados. Pero lo interesante sería confrontar lo publicado con los originales.

Al leer el libro, que es solo una parte de lo anotado, se ve que hay una selección, lo que incluye una orientación. El único enemigo declarado que confiesa es Alfonso Guerra, y esa parte, con muchos detalles, es la más jugosa del libro. Luego distribuye sus filias y sus fobias, muchas de ellas sumarias y algo simplistas.

Los juicios son a veces sumarísimos. A Juan Pablo II lo despacha así: “El hombre de las verdades innegociables, un personaje intransigente”. Una opinión por lo menos poco acorde con alguien que se confiesa católico, además de suponer un profundo desconocimiento de la historia reciente.

De Bono es conocida su gramática parda, su dicharachera amenidad y su intento de quedar bien con el mayor número de personas posibles. Pero hay frases que le traicionan y permiten dudar de su clarividencia. Por ejemplo, “no soy soberbio”, una clara indicación de no humildad.

El periodo que abarca, de 1992 a 1997 corresponde a los grandes escándalos del PSOE: casos Filesa, Mariano Rubio, Roldán, culminando en los GAL. Bono los cita, pero no abunda en ellos, pasa por encima como puede.

Hay mucho de cotilleo, de dimes y diretes, de chismorreo entre la gente del PSOE. Al principio parece interesante, como el juicio de Felipe González sobre Garzón, a través del entonces ministro Belloch: “Se trata de un personaje que acabará pagando sus culpas en los tribunales”. Pero luego ya cansa.

Un libro que no va a contribuir a mejorar la no muy buena opinión que la gente tiene de la clase política. No es un libro de pensamiento, sino de maniobras de pasillos, de zascandileos políticos. A su modo, es una prueba de lo que da de sí la gente que gobierna o ha gobernado. Para mal o para bien, el libro es un testimonio de la política en este tiempo, en el que se busca antes la imagen que la idea.

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