Las virtudes

TÍTULO ORIGINALThe Virtues

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Geach. EUNSA. Pamplona (1993). 200 págs. 1.600 ptas. Edición original: Cam-bridgeUniversity Press, 1977.

El lector, al ver el título y el autor, tal vez piense que esta obra es semejante a otras como Las virtudes fundamentales, de Josef Pieper. Pero la de Geach, que tiene su origen en un ciclo de conferencias, no es una exposición sistemática de las virtudes. Consiste en el examen de una serie de cuestiones -filosóficas y teológicas- planteadas a propósito de aquéllas, que conviene leer teniendo en mente la doctrina común que propone un tratado como el de Pieper.

El autor, inglés, es un filósofo conversoy profundamente cristiano. Casado con Elisabeth Anscombe, también filósofa y conversa. Todos estos elementos influyen en el libro. Por ejemplo, el estilo anglosajón se manifiesta en el deseo no tanto de construir un sistema de pensamiento cuanto de descubrir verdades, a menudo de modointuitivo y usando un polemismo brillante y amable.

Geach pretende dar explicaciones serias, evitando los argumentos fútiles y pobres, exponiendo las debilidades de razonamientos que -según él- se han utilizado para salir del paso. Por momentos es desmitificador -con lo que él considera contraproducente y que desmerece de la doctrina cristiana- y también irónico.

La obra no es, pues, un manual, sino una colección de intuiciones o problemas relacionados con las distintas virtudes: cómo se transmite el pecado original, a propósito de la fe; acerca de la esperanza, las almas separadas, o la necesidad de aprovechar todas las gracias, porque cualquiera puede ser la última; en el capítulo dedicado a la caridad, se afirma que Dios es amor porque no es una persona solitaria; la fortaleza es la virtud del fin y se necesita constantemente en el curso ordinario de la vida…

Geach afirma que la “virtud heroica” no es exclusiva de los santos canonizados: es propia del pueblo. “Al alegato de ‘yo no soy ningún héroe’ puede replicarse: ‘Eres un héroe en el sentido griego de la palabra: un hijo no sólo de padres mortales, sino de Dios'”.

El libro se toma con interés, pero es de difícil lectura y a veces suscita más preguntas que respuestas. En cualquier caso, al terminar -y reflexionar-, uno piensa que ha leído una obra sugerente. Queda para especialistas y para profesores.

Francisco J. Armenteros