Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global

TÍTULO ORIGINALNew & Old Wars. Organised Violence in a Global Era

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Tusquets. Barcelona (2001). 242 págs. 2.300 ptas. Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia.

Mary Kaldor, británica, es profesora de relaciones internacionales, y ha tenido un contacto directo con las guerras de la antigua Yugoslavia. En este libro desvela las diferencias entre la guerra moderna y la violencia organizada postmoderna.

El libro se abre con la demostración del íntimo vínculo existente entre el surgimiento del Estado moderno -tras las guerras de religión del siglo XVI- y la guerra, tal como hoy la imaginamos y concebimos: librada entre ejércitos regulares de Estados soberanos, por el control de un territorio. Termina con la constatación de que la crisis del Estado ha modificado el modo de hacer la guerra.

La autora relata con viveza la desaparición del régimen yugoslavo, y nos descubre en ese contexto algunos factores que cambian el paradigma de los conflictos armados: la pérdida de legitimidad de las organizaciones políticas; la inevitable desaparición del monopolio de la violencia legítima, con la proliferación de grupos armados irregulares… Un dato relevante para comprender el vuelco en este último aspecto: a comienzos del siglo XX tras una guerra se contaba un civil muerto por cada ocho militares. Hoy esta proporción se ha invertido.

La mayor aportación de la obra de Kaldor está en su análisis de la guerra de Bosnia, de la que extrae gran parte de sus reflexiones. También es de gran interés su estudio de los medios de sostenimiento de los ejércitos irregulares: la economía de guerra globalizada, que se define por la ausencia de financiación estatal, y por el recurso al saqueo y a la rapiña, especialmente sobre la ayuda humanitaria.

En opinión de Kaldor, la nueva violencia debe ser tratada como un enfrentamiento entre dos bandos: la comunidad internacional, portadora de los valores del cosmopolitismo, cuyas tropas se reservan el monopolio de la violencia legítima para restaurar la ley internacional, por un lado; y por otro, los grupos violentos que, con una visión excluyente de la política, recurren a la limpieza étnica y a la manipulación de la historia y la identidad para afianzar su poder. Si esto es cierto, debe replantearse el modo de utilizar la fuerza en las intervenciones de pacificación. El objetivo principal en estas actuaciones debe ser el de proteger a los civiles y evitar las violaciones de los derechos humanos, sin falsas preocupaciones por el consentimiento de las partes. Para esto, resulta particularmente eficaz apoyar aquellos “islotes de civismo” que quieren evitar verse arrastrados por la espiral de violencia y discriminación. En resumen, Kaldor deplora el formato de “guerra aérea espectáculo” al que estamos acostumbrados.

Las perspectivas que sugiere el libro ayudan a comprender los fenómenos de violencia organizada, tan frecuentes en África y en otros focos de conflictividad. Pero quizá las soluciones propuestas resultan un tanto ingenuas y se apoyan en una valoración negativa de la identidad -en concreto del papel de la religión en la configuración de las comunidades humanas- en la línea de un internacionalismo liberal que, según la propia autora reconoce, es marcadamente utópico.

Ricardo Calleja Rovira

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