Las fiestas en la cultura medieval

Miguel Ángel Ladero Quesada

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Areté. Barcelona (2004). 224 pág. 23 €.

La fiesta ha sido objeto de estudio por parte de antropólogos e historiadores, al constituir el mundo festivo una amalgama de elementos culturales que integran rituales y ceremonias, aspectos lúdicos y una privilegiada relación con lo sagrado. El profesor Ladero Quesada, catedrático de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Academia de la Historia, nos desvela la procedencia de numerosas fiestas españolas y europeas, que si bien continúan celebrándose en la actualidad, han perdido en muchas ocasiones su sentido profundo y la noción de su propio origen.

Así, la práctica precristiana del aguinaldo pervive en los regalos navideños; o las procesiones del Corpus Christi -espectaculares en muchas ciudades españolas- constituyeron en sus primeras manifestaciones del siglo XIV, auténticas catequesis urbanas acerca de la Eucaristía. Muy interesante resulta también la vinculación de determinadas fiestas religiosas con los orígenes del teatro: desde las ingenuas representaciones medievales de los misterios hasta los complejos autos sacramentales barrocos, con pervivencias tan espléndidas como el afamado Misterio de Elche.

Buena parte del estudio está dedicada a las fiestas cortesanas y caballerescas. Las primeras constituían una ocasión idónea de relación entre la monarquía y el pueblo y de transmisión de mensajes políticos, en un mundo sin medios de comunicación de masas. Entradas reales, ceremonias de coronación o enlaces regios, formalizaban unas relaciones de poder en las que cada grupo social ocupaba el lugar que le correspondía. Todo ello a través de rituales y símbolos en los que el poder de las imágenes venía a reforzar la imagen del poder.

Justas, torneos, actuaciones de juglares, banquetes, música y danzas, junto a corridas de toros (en la modalidad que actualmente conocemos como rejoneo), cacerías y otros juegos más populares, como la cucaña, los naipes, dados o primitivas formas de petanca e incluso de ¡fútbol!, formaban parte del mundo lúdico medieval. La permeabilidad de este universo festivo cuenta con numerosos ejemplos: así, en España, existen noticias de la participación de musulmanes en determinadas celebraciones cristianas, viniendo a confirmar que ambos grupos no se encontraban únicamente en el campo de batalla. De la Iglesia oriental provienen algunas celebraciones de nuestro calendario litúrgico, tan señaladas como la Virgen de Agosto o la Natividad de María.

En una edición ilustrada con una cuidada selección de láminas y aderezada con jugosas descripciones de fiestas populares, Ladero analiza con un estilo atractivo uno de los aspectos menos conocidos de la Edad Media.

Margarita Sánchez