Las culturas fracasadas

Anagrama. Barcelona (2010). 214 págs. 15 €.

TÍTULO ORIGINALEl talento y la estupidez de las sociedades

Marina continúa con su proyecto acerca de la inteligencia, ya iniciado hace unos veinte años con Elogio y refutación del ingenio. En sus libros logra captar aquellos temas que están más de moda, o que requieren cierta atención a nivel divulgativo y lanzarlos al lector como propuestas imaginativas, creativas, optimistas y acorde con los tiempos. No obstante, su planteamiento en este libro es muy relativista, y su estilo, lleno de digresiones, citas, bibliografía, ejemplos y anécdotas, acaba resultando disperso.

El modelo de inteligencia que propone es social, compartida, y la llama también capital social. “Inteligencia social es la capacidad que tiene una sociedad para resolver los problemas sociales creando capital social y ampliando las posibilidades vitales de sus ciudadanos”. Realmente se trata de una definición formal, al estilo kantiano, filósofo al que sigue Marina, al igual que a Rawls. Las sociedades fracasadas son, en palabras del autor, aquellas que destruyen el capital comunitario y encanallan o entontecen a sus ciudadanos. Uno de los problemas que tienen estas sociedades es la corrupción y otro el gorrón: aquel que se aprovecha sin aportar. El autor propone cuatro deseos fundamentales frente a dichos problemas: sobrevivir, disfrutar, vincularse y ampliar posibilidades.

Al mostrar qué son las culturas y las diferencias que se dan entre ellas, remite a la relación del individuo con la colectividad y a la genealogía de la ética o de las normas, incluyendo a las religiones. También tiene en cuenta la identidad, la nación, el pueblo. Es decir, Marina toca muchas teclas, tanto en este capítulo como en los restantes, pero no profundiza en ninguna. Aporta muchos ejemplos, citas, casos, pero ninguno es un verdadero Leitmotiv que centre al lector. Al querer abarcar tantos campos -el de la antropología, la sociología, la ética, la política-, consigue un libro muy general, muy divulgativo y poco aferrable conceptualmente. Se mueve más en el terreno de lo formal que de lo concreto, y su libro tiene algo de diagnóstico y mucho de adaptarse al pensamiento dominante. No propone instancias de juicio, ni de valor, al contrario: la diversidad cultural, tanto diacrónica como sincrónica, muestra que las culturas son tan variadas como relativas, cada una con su sistema de valores, normas, sentimientos dominantes y religión.

Su propuesta de inteligencia es deudora de las redes y las wikis, por las que se muestra optimista. De hecho, al final del libro propone una web donde el lector puede opinar y contestar a unas preguntas que el autor le formula. Intenta llevar a la práctica su idea de inteligencia compartida o capital social.

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