La transformación de la política

Daniel Innerarity

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Península-Ayuntamiento de Bilbao. Barcelona (2002). 203 págs. 12 €.

En La transformación de la política (Premio de Ensayo Miguel de Unamuno, del Ayuntamiento de Bilbao), Daniel Innerarity propone una cultura política adaptada a aquellos rasgos que más clara y decisivamente definen a las sociedades modernas, a saber, una elevada complejidad y un marcado pluralismo. Una sociedad compleja, explica el autor, es una sociedad policéntrica, en la que conviven sistemas funcionales autónomos (política, economía, derecho, arte, religión, etc.), que satisfacen diversas necesidades sociales y están dotados cada uno de ellos de una lógica y dinámica propia, cuya tendencia perversa es la de erigirse en centro de todo el sistema social. Sin embargo, ninguno de ellos -tampoco el sistema político- puede en realidad constituirse en centro de todo el sistema.

Estamos ante una sociedad carente de un único centro, de forma que la actividad política no puede pretender un gobierno unificador de todo. La política debe renunciar, por ello, a un gobierno fuerte y optar por un gobierno indirecto; esto es, por un gobierno que fomenta la cooperación entre sistemas y actores, media en conflictos o coordina acciones.

La insistencia del autor, desde esta perspectiva, es la de no aspirar a una política capaz de resolverlo todo y de ofrecer una solución racional satisfactoria para todas las contradicciones inherentes al tipo de sociedad en que vivimos. Carece de sentido aspirar a un consenso perfecto, ya que, además de ser imposible, significaría inevitablemente la desaparición de las diferencias que una sociedad plural ha de contener. La política ha de asumir su inevitable contingencia y su incapacidad para dar respuesta a todos los problemas o para configurar una sociedad plenamente armónica. “Está incapacitado para la política quien no haya aprendido a gestionar el fracaso o el éxito parcial, porque el éxito absoluto no existe”, sentencia el autor, quien también sostiene que “la revitalización de la democracia hay que esperarla más de la discrepancia razonable que del fervor por el consenso”.

El respeto a la complejidad y el pluralismo y la renuncia a un gobierno fuerte no son sino exigencias de la salvaguarda de la libertad, que representa, probablemente, el valor más firmemente defendido en esta obra. Una opción por la libertad que, sin embargo, no debe ser ajena a la solidaridad y a la justicia. Defiende, así, Innerarity un concepto novedoso: el socioliberalismo, una actualización de la socialdemocracia, en la que las mayores cotas de justicia no han de ser confiadas a la acción centralizadora del Estado (incapaz de gestionar la complejidad), sino a la mayor intensificación de la libertad individual, entendida en clave de responsabilidad solidaria.

La mayor complejidad ha venido acompañada de una creciente intolerancia ciudadana ante cualquier deficiencia social y de una reclamación del éxito sin fisuras. Por eso, habría que ver si esta concepción de la política que propone Innerarity es compatible con la arraigada tendencia a responsabilizar al Estado de cualquier fallo y a esperar que los poderes públicos tomen cartas en el asunto para lograr el remedio definitivo.

Francisco Santamaría

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares