La tercera ola. La democratización a finales del siglo XX

TÍTULO ORIGINALThe Third Wave: Democratization in the Late Twentieth Century

GÉNERO

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Paidós. Barcelona (1994). 336 págs. 2.600 ptas. Edición original: University of Oklahoma Press, Norman, (1991).

Huntington, profesor de ciencias políticas en la Universidad Harvard, parte de ejemplos concretos y efectúa variados análisis sobre la transformación de regímenes autoritarios en democráticos durante los años setenta y ochenta. Desde la revolución portuguesa de 1974 al derrumbamiento de los regímenes comunistas en 1989, pretende demostrar, una ola democratizadora ha barrido el mundo. Y, según él, ya se produjeron dos anteriormente: entre 1828 y 1926, cuando en 29 países de Europa y América se introdujo el sufragio universal; y de 1943 a 1962, cuando la victoria aliada en la II Guerra Mundial y el proceso de descolonización transformaron en democracias o semidemocracias a veinte antiguas dictaduras. Pero estas dos olas tuvieron sus correspondientes “contraolas” de la mano de los fascismos, el comunismo y el anticomunismo.

La caída del comunismo y el tan cacareado “nuevo orden mundial” despertaron aires de entusiasmo respecto a la democratización. Huntington no profesa un optimismo tan radical, pues cree que la democracia da “dos pasos adelante y uno atrás”. Considera posible una tercera “contraola”; pero también una cuarta ola en el siglo XXI, y en el fondo suscribe las afirmaciones de Tocqueville sobre un movimiento universal hacia la democracia. Y, al igual que Jean-François Revel, es de la opinión de que entre países democráticos las tensiones no se resuelven por métodos violentos.

Por último, la visión de la democracia que ofrece el libro está muy marcada por las raíces protestantes del autor. Protestantismo y democracia son inseparables para Huntington. De ahí su actitud crítica hacia la Iglesia católica, que no se ha “democratizado” hasta el Concilio Vaticano II, dice el autor. Según él, Juan Pablo II es el Papa de los derechos humanos, pero su postura en materia de moral sexual o respecto al sacerdocio femenino podrían encaminarle a regresiones conservadoras.

Dejando aparte este análisis superficial, tiene más valor la advertencia de Huntington de que de-mocracia y desarrollo económico deben ir de la mano. De otro modo, surgen regímenes que un marxista de otros tiempos calificaría de “democracias formales” y cuya existencia sería corta e inestable.

Antonio R. Rubio

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