La razón de la fuerza. Concepto y justicia de la guerra

Alfredo Cruz Prados

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Pearson Educación. Madrid (2004). 300 págs. 20,90 €.

Alfredo Cruz Prados, profesor de Filosofía Política en la Universidad de Navarra, invita a la poco frecuente labor de reflexionar racionalmente sobre la guerra, algo nada sencillo en un mundo en el que las buenas intenciones, con toda su carga emocional, pesan más que la racionalidad. El autor no comparte el punto de vista, hoy tan extendido, de que es preferible la paz a cualquier guerra justa. Incluso el Derecho Internacional contemporáneo admite la legítima defensa. Lo que es injusto es la violencia, y el uso legítimo de la fuerza no puede ser calificado de violencia. El pacifismo ha proscrito todo debate sobre la guerra justa, al preconizar una paz sin adjetivos, lo que paradójicamente conlleva una defensa del statu quo en la escena internacional, es decir, al mantenimiento de situaciones injustas.

La condena indiscriminada de toda guerra trae como consecuencia una negación del ius ad bellum, pues se considera a la guerra como intrínsecamente mala. Pacifistas reconocidos como Einstein o Bertrand Russell no habrían afirmado esto en su oposición al nazismo. Las guerras actuales son peores que las de la época clásica del “ius belli” -el racionalista siglo XVIII- , pues en todas ellas se sataniza al adversario y se le califica de criminal. Las guerras se han convertido otra vez en “guerras santas” y no es extraño que se viole sistemáticamente el “ius in bello” -las convenciones de Ginebra sobre derecho humanitario- y las poblaciones civiles sean las víctimas directas de quienes quieren obtener una victoria rápida. Los objetivos políticos de una guerra quedan así oscurecidos por la creciente deshumanización de las actividades bélicas. Pensar que la guerra es irracional o ilógica trae como resultado que los contendientes no pongan límites a la misma.

Cruz Prados llega a partir de estas consideraciones a una conclusión que compartirían todos los teóricos del “ius ad bellum” y, en definitiva, de la guerra justa: si la guerra estuviera sometida a los requisitos de la justicia, y por tanto, de la racionalidad, existiría un “ius in bello” con garantías y operatividad. De ahí que en la segunda parte del libro aporte una antología de textos desde la Antigüedad a las convenciones de Derecho humanitario, en la que se aprecia el esfuerzo continuo de someter el drama de la guerra a las exigencias de la razón y la justicia humana.

Antonio R. Rubio