La prisión donde vivo

Antología del PEN

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Madrid (1998). 300 págs. 2.400 ptas.

Bajo este título se reúnen setenta relatos y poemas de autores muy diversos, con convicciones políticas muy diferentes, a los que une el hecho de haber sido encarcelados por defender sus criterios ideológicos frente a regímenes autoritarios. Esta selección de textos no atiende a criterios puramente literarios. No trata de difundir los escritos más brillantes de autores señeros, sino que pretende ser un testimonio del efecto que sobre el ser humano producen el aislamiento, la vejación y la tortura.

Todos estos relatos tienen en común la lucha titánica del individuo contra la desintegración moral, intelectual y social. Asistimos al esfuerzo denodado de unos hombres por conservar su integridad, por sobrevivir como personas en una situación absolutamente hostil.

Sorprende la similitud de los comportamientos, actitudes y recursos con los que se defienden personas tan diferentes como Václav Havel o Milovan Djilas. Poco importa la ideología del que escribe, que, por otro lado, en la mayor parte de los escritos es inidentificable (salvo por la reseña que aparece al final de cada texto). Son hombres y mujeres que intentan salir adelante con multitud de pequeños recursos, que temen ser olvidados, que pretenden por todos los medios evitar que una fuerza muy superior a ellos les anule. Quizá el grito de Wole Soyinka, “han atrapado mi sombra pero no mi esencia”, resuma con precisión esta lucha del hombre vejado, sometido y preso por seguir siendo hombre.

El efecto del libro sobre el lector es fulminante. Uno se enfrenta a la pregunta inexcusable: ¿Hasta qué punto cualquier idea puede justificar esta destrucción del ser humano?

Aquel que se sumerge en sus páginas, se encuentra de frente con la explicación del “ser” humano, el ser único que nos hace miembros de una misma especie, y se siente abrumado, anulado y deshecho con todos los que lo han sido en nombre de una u otra causa.

Mª Ángeles Igea