La humanidad perdida. Ensayo sobre el siglo XX

L'Humanité perdue. Essai sur le XXe siècle

TÍTULO ORIGINALLHumanité perdue. Essai sur le XXe siècle

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (1998). 166 págs. 1.500 ptas. Traducción: Thomas Kauf.

Finkielkraut es uno de los ensayistas franceses actuales más conocidos. Simplificando, se puede decir que forma parte del grupo de pensadores que pretende recuperar el espíritu de la Modernidad y una aceptable confianza en el uso de la razón, tras los acontecimientos de este siglo que han puesto en entredicho ese paradigma.

Los grandes ideales de la Modernidad han mostrado en el último siglo sus profundas contradicciones: se ha desvanecido el mito del progreso, las utopías políticas han traído el horror. Ante el fracaso, han proliferado reacciones pendulares: actitudes irracionales, de renuncia a la comprensión de la realidad, movimientos alternativos y marginales. Este libro levanta acta de las contradicciones de la Modernidad: una crisis anticipada por Weber, proclamada por la Escuela de Frankfurt y celebrada por los pensadores postmodernos. Lo pequeño, y lo diverso, es hermoso; la razón debe desistir de su proyecto de comprensión global, según el modelo científico.

Sin embargo, Finkielkraut no se suma sin más a la corte de ideologías minimalistas y defensoras de minorías, que cantan a coro la caída de los grandes sistemas. El autor de La derrota del pensamiento mantiene su confianza en la razón, más matizada que en anteriores escritos. Rechaza su uso totalitario, pero se opone igualmente a las visiones exclusivistas y cerradas.

La condición humana, como proclamó la Modernidad, es una categoría universal. Pero esta visión universalista corre el riesgo de resultar abstracta. El valor de cada hombre no se agota en su condición de ejemplar de la especie humana. Aún más, muchos de los atropellos más sangrientos contra los hombres se han realizado en nombre de la humanidad. Como decía Lenin, para hacer una tortilla es preciso romper los huevos.

El valor genérico de la humanidad debe ser complementado con las particularidades específicas de cada hombre. A juicio del autor, las iniciativas humanitarias que proliferan en la actualidad son ambivalentes. De una parte, resultan necesarias, pues socorren a las víctimas de la barbarie sin mirar de dónde proceden las balas que los han herido ni la razón de su presencia en el conflicto; de otra, pueden perpetuar lo que no es sino una solución provisional: tras los primeros auxilios, es preciso determinar las causas de la violencia, exigir responsabilidades, restablecer la paz. La víctima de hoy puede ser el verdugo de mañana; el caso de la guerra en la antigua Yugoslavia está muy presente en estos razonamientos de Finkielkraut.

Recuperar la universalidad sin perder la particularidad es el empeño del presente ensayo. “El hombre -asegura Finkielkraut- no conquista su humanidad mediante la liquidación del pasado que le precede, el repudio de sus orígenes (…). Si se hace abstracción de su pertenencia y de su arraigo en un medio particular, el hombre ya sólo es un hombre. Y, al ser sólo un hombre -una pura conciencia sin ataduras y sin domicilio-, ya no es un hombre”.

¿Vuelta atrás respecto del universalismo ilustrado? Más bien, reconocimiento de otros de los componentes de la Modernidad: el pensamiento romántico. Frente a la extraterritorialidad en que la Ilustración sitúa al ser humano, el Romanticismo propone como elemento humanizador el lugar al que se adscribe cada persona y su inherencia en un mundo ya dotado de significación. Con palabras del propio Finkielkraut, “inhumana es la determinación del hombre por el suelo y por la sangre, y no menos inhumana es la vida titubeante del hombre al que se le priva de las bases terrestres de su existencia”.

José Aguilar