La extraña muerte del marxismo

Ciudadela Libros. Madrid (2007). 205 págs. 22 €. Traducción: Diana Lerner.

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En este libro del norteamericano Paul Edward Gottfried, catedrático de Humanidades y descendiente de judíos austriacos exiliados del nazismo, se examina la corriente ideológica que empezó a desarrollarse en la Alemania posterior a 1945: el autor critica la “reeducación” de los alemanes inspirada por psicólogos sociales y que ha fomentado un izquierdismo radical, asociado un complejo colectivo de culpa, como un método para evitar la resurrección del nazismo. Todo se justifica en nombre del antifascismo, término nebuloso que es parte esencial del actual discurso político europeo.

Gottfried señala que la izquierda postmarxista cambió sus planteamientos mucho antes de la caída del muro de Berlín: las transformaciones socio-económicas en Francia e Italia habían debilitado el discurso obrerista de la izquierda. Los consabidos análisis marxistas del capitalismo se desechan al compás de la globalización, aunque esto no supondrá una condena expresa de los regímenes comunistas, para no dar argumentos al fascismo.

Llegará la hora de un “marxismo cultural” heterodoxo, deudor de la Escuela de Frankfurt o de Gramsci, en el que no se arremete contra la clase dominante por capitalista sino por incitar al odio racial, al antisemitismo, la misoginia o la homofobia. El neomarxismo reviste su causa de moralismo fustigador de la sociedad tradicional burguesa y más que nunca se transforma en religión política, pero no como los totalitarismos de los años treinta, sino en la línea de lo que Tocqueville calificara de “despotismo blando”.

En definitiva, la tesis de Gottfried es que la clase trabajadora ha desaparecido del horizonte de la izquierda postmarxista -o marxista cualificada- y que ha sido reemplazada por la defensa de unos valores globales y multiculturales que deben servir para una profunda transformación histórica y antropológica. En consecuencia, no es incompatible ser un radical en materia de estilos de vida con disponer de una abultada cartera de acciones. Con independencia de los matices, ¿no es lo que estamos viendo ahora en Europa y en España?

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