La educación de la mente y el conocimiento de las disciplinas

TÍTULO ORIGINALThe Disciplined Mind

GÉNERO

Paidós. Barcelona (2000). 316 págs. 2.900 ptas. Traducción: Genís Sánchez Barberán.

En esta obra, síntesis de su pensamiento, Gardner, codirector del Proyecto Cero de la Universidad de Harvard y creador de la teoría sobre las inteligencias múltiples, expone un planteamiento educativo sugerente y bien trazado. El libro está ampliamente documentado, con predominio de la bibliografía anglosajona, y bien estructurado. En el nivel filosófico, sin duda el punto más endeble de su pensamiento, trata de conjugar las aspiraciones universales del hombre, reflejadas en su búsqueda de lo verdadero, lo bello y lo bueno, con unas consideraciones antropológicas poco fundamentadas.

Declarado materialista, Howard Gardner desarrolla en esta obra tres aspectos que reflejan esos anhelos universales: el evolucionismo (la verdad); la música de Mozart (la belleza); y, por último, el Holocausto (como oposición a la bondad). Sobre ellos se apoya para trenzar con maestría el diseño de una educación para la comprensión. Ejemplifica la investigación de las múltiples facetas que presentan estos temas con la utilización de las posibilidades que ofrecen las inteligencias múltiples de las que es precursor.

Considera que hay múltiples modos de acceso para investigar cada realidad, si bien algunos son más idóneas en cada caso. Del mismo modo, esa realidad se puede mostrar utilizando diversos lenguajes entre los que destacan las analogías y las metáforas. Saber orquestar los mejores métodos de acceso con los de exposición permite una gran riqueza educativa.

El objetivo final no reside en la acumulación de conocimientos, sino en la adquisición de una capacidad de comprender. Esto sirve para una rigurosa investigación mediante la cual se adquiere el pensamiento científico, la interpretación artística y el análisis histórico, que son rasgos de una excelente educación. Como buen pedagogo, matiza sus afirmaciones e incluye también observaciones sobre cómo llevar a la práctica su proyecto educativo, aunque, a mi juicio, persisten las dudas sobre cómo realizarlo en niveles no universitarios.

A caballo entre la autonomía y la centralización, partidario de la escuela pública pero sin negar el derecho de existencia a la privada, Gardner apuesta por el uso inteligente de las posibilidades que ofrece la técnica pero sin olvidar su carácter de medio. Defiende, por último, que la educación tecnológica e intelectual debe ir de la mano de una educación moral basada en el sentido de responsabilidad.

Gardner presenta una cosmovisión donde, a mi juicio, su principal aportación sería, por este orden, pedagógica, sicológica y de política educativa, mientras que su punto más endeble es el filosófico aunque tenga presente la necesidad de la ética.

José Manuel Mañú

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