La civilización de los jubilados

TÍTULO ORIGINALLa dynamique de la retraite

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Encuentro. Madrid (1999). 255 págs. 2.500 ptas. Una menace pour l’Europe. Traducción.: Maite Barea y Pilar Fernández.

En los últimos años se ha venido discutiendo si los sistemas de Seguridad Social serán viables dentro de unas décadas, por el desequilibrio entre pensionistas y trabajadores en activo. La prolongación de la vida, el descenso de la natalidad y las buenas condiciones económicas de los Estados occidentales permiten asegurar que los sistemas de Seguridad Social actuales deben transformarse si quieren mantener las mismas calidades de bienestar.

Sin embargo, no todos los aspectos del envejecimiento son negativos. La civilización de los jubilados tiene como ventaja una mayor tranquilidad social, menos violencia. Esta civilización tendrá en cuenta los gustos conservadores del mayor sector de la población, prestará atención a su peso político y su inmensa capacidad de ahorro fruto de la acumulación de capital durante toda la vida laboral. Las políticas fiscales y la legislación civil deberán reformarse para evitar los problemas que acarrea el escabroso tema de las herencias, en una sociedad en la cual los hijos heredan ya establecidos en su vida profesional y social. Pero aun dentro de este marco, el profesor de la escuela de negocios de la Universidad de Stanford, Didier Pène, sugiere que se tomen medidas conjuntas que hagan posible un cierto equilibrio entre trabajadores activos y no activos.

La solución a los problemas derivados del incremento de jubilados no se reduce solo a asegurar las pensiones por el sistema de reparto o de capitalización, o sea, sistemas públicos o privados. La evolución hacia un mayor recurso a sistemas privados de capitalización tiene que ir acompañada de medidas de regulación de los mercados mundiales que influyen en la inversión de los capitales de los fondos de pensiones. En segundo lugar, como no hay que olvidar que el mayor problema de todos es el envejecimiento, se debe incrementar la tasa de natalidad lo suficiente como para que se mantenga el equilibrio de la población. Como esta política solo puede notarse a largo plazo, los Estados deben echar mano de la inmigración controlada, un problema con el que se enfrenta toda Europa. Por último, la política de prolongación de la vida activa de los trabajadores se debe tomar con cautela porque no todas las culturas empresariales aceptarían un envejecimiento de la plantilla.

De cualquier manera, queda el problema de si un trabajador con más vida activa cobraría aun más que un trabajador que se jubile a una edad más temprana, con lo cual quizá el gasto sea equivalente al ahorro. En la actualidad las frecuentes medidas de jubilación anticipada están haciendo que se disparen los costes de los subsidios.

Con todo, las conclusiones de Pène son más bien optimistas, aunque ciertamente el panorama, en su opinión, no parece nada halagüeño. La clave está en que las medidas que se tomen para minimizar los efectos del envejecimiento se tomen en conjunto y no aisladamente, aunque esto suponga a veces un cierto coste electoral para los partidos en el poder.

Carlos Segade