Hannah Arendt. Una biografía

TÍTULO ORIGINALHannah Arendt. For Love of the World

GÉNERO

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Paidós. Barcelona (2006). 648 págs. 35 €. Traducción: Manuel Lloris Valdés.

Este año se celebra el centenario del nacimiento de Hannah Arendt (1906-1975) y las editoriales españolas lo han aprovechado para sacar al mercado biografías, estudios monográficos sobre su obra e incluso la esperada traducción de sus “Diarios Filosóficos” (Herder, 2 vol., 1.400 págs.). De todas las biografías, la indispensable sigue siendo la escrita por su discípula, Elisabeth Young-Bruehl, que ha añadido un prólogo actualizado para la nueva edición.

Cuando murió en 1975, Arendt era ya una intelectual consagrada en EE.UU., pero sus escritos, salvo “Los orígenes del totalitarismo” o el polémico “Eichmann en Jerusalén”, no habían prendido todavía en Europa. Además, su pasada relación amorosa con Heidegger desató, desgraciadamente, más interés que sus inteligentes propuestas políticas.

Nacida en Hannover, pasó su infancia de niña difícil y retraída, superprotegida por su madre, en Königsberg. Perteneció a una familia de judíos asimilados y progresistas y creció en contacto con la cultura alemana (Goethe, Kant, Hölderlin, cuyos poemas aparecen constantemente en la obra arendtiana). La temprana lectura de “Psicología de las concepciones del mundo”, de Jaspers, la conduce a la Filosofía.

Arendt quedó fascinada por la universidad alemana de principios del siglo XX, tan bien recreada en esta biografía. Es en ese lugar donde nacieron las corrientes más importantes de la filosofía contemporánea, con Husserl, Heidegger y el mismo Jaspers. Precisamente por indicación de Heidegger se traslada de Marburgo a Heidelberg, donde Jaspers le dirige su tesis doctoral sobre el tema del amor en la filosofía de San Agustín (1928) -Young-Bruehl incorpora un resumen como apéndice-. Más allá de sus años de formación, Hannah cultivará la amistad de jóvenes universitarios, la mayoría judíos, con los que se reencontró en EE.UU. al acabar la II Guerra Mundial: Jonas, Strauss, Morgenthau, Löwith…

¿Qué es lo que llevó a Arendt al pensamiento político? Según Young-Bruehl, se vio impulsada por las circunstancias a reflexionar sobre la política, la sociedad de masas y el fenómeno del totalitarismo.

Arendt no tenía fe y sólo el régimen nazi le hizo percatarse de su condición judía. Participó activamente, como muchos otros, en el movimiento sionista, primero en Alemania y luego en París, donde gestionó la emigración a Palestina de muchos perseguidos. Ella consiguió evitar el campo de concentración gracias a un visado que le obtuvo su primer marido, Günther Stern -luego volvería a casarse, en 1940, con Heinrich Blüchner, con quien compartía más afinidades intelectuales-.

Atacada como judía, se defendió como judía, solía decir. Pero desaparecida la amenaza nazi, rompió con el sionismo. Estuvo interesada, sin embargo, por el judaísmo, como demuestran los artículos recopilados en “La tradición oculta”. Pero sobre todo se preocupó de descubrir las raíces históricas e intelectuales del antisemitismo en la primera parte de “Los orígenes del totalitarismo” (1951).

Para la pensadora alemana, el nazismo o el comunismo constituían el “mal radical” porque mutilaban al ser humano, eliminando su libertad y diluyendo su personalidad en el sistema social. En términos kantianos, trataban a los hombres como medios para un fin superior (la pureza de la raza o la eliminación de las clases sociales). Pero además un elemento característico de estos regímenes es el uso del terror y la liquidación de la disidencia.

Un nuevo concepto de la política

Regresa a Europa en 1950, aunque, ya con la nacionalidad americana, nunca volverá a vivir aquí. Es en ese momento cuando, como afirma Young-Bruehl, se reencuentra con Heidegger y decide olvidar el pasado. Al mismo tiempo son años intensos de trabajo: imparte clases en Berkeley, Princeton, Harvard y Chicago, escribe en los periódicos y publicaciones más importantes y recibe algunos premios señalados. Participa y organiza reuniones y se rodea de un selecto grupo de amigos: Jonas, Mary McCarthy -una novelista feminista-, Broch, Auden.

Su labor periodística, y su intensa vida social, no le impiden elaborar una teoría política coherente, sobre todo en “La condición humana” (1958). En este ensayo, sobre el que todavía se discute, quiso desarrollar un nuevo concepto de la política, superando el cientificismo de las ciencias sociales, al tiempo que reivindicaba la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Además aprovechó para realizar una contundente crítica a la modernidad filosófica y ajustar cuentas con el marxismo.

Nadie podía dudar de su compromiso con la democracia y con la libertad al leer su escrito sobre el totalitarismo. Pero tras la publicación de “Eichmann en Jerusalén” (1968), un reportaje sobre el juicio celebrado en Israel al jerarca nazi, al que acudió como enviada especial de “The New Yorker”, se enfrentó con la comunidad judía.

En “Eichmann” asentó su tesis sobre la “banalidad del mal”, que muchos entendieron como una forma de rebajar la monstruosidad del régimen nazi; simplemente intentaba explicar la connivencia del pueblo alemán, aburguesado y despolitizado, con el Holocausto, sin exonerarle de responsabilidad. Lo personificó en la figura de Eichmann, aquel funcionario gris, padre de familia, sin ambiciones, que sin embargo organizó las deportaciones masivas de los judíos.

No hizo nunca declaraciones sobre su ideología y buscó siempre la independencia. Han sido otros quienes la han catalogado, pero lo cierto es que ella denunció tanto el socialismo como el capitalismo individualista. Académicamente se la suele incluir dentro de la corriente republicana porque no solo reinventa el espacio público político y defiende los lazos sociales, sino que relaciona la vida ciudadana con la virtud y el compromiso, como en la Grecia clásica, a la que tanto admiraba.

A pesar de los años transcurridos desde su muerte, la obra de Arendt tiene mucho que decir hoy día. Se acreditó como una observadora perspicaz de la realidad política y social de su tiempo, pero también mostró una capacidad asombrosa para predecir las implicaciones y consecuencias de la mentalidad cientificista. “Hannah Arendt. Una biografía” es una documentada introducción a su vida, necesaria para entender sus contribuciones a la filosofía política.

Josemaría Carabante

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