Hablar y callar. Funciones Sociales del Lenguaje a través de la Historia

TÍTULO ORIGINALThe Art of Conversation

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Gedisa. Barcelona (1996). 209 págs. 2.590 ptas.

Peter Burke es un estudioso de la historia de la cultura que durante su labor docente en la Universidad de Cambridge se ha visto atraído por la sociolingüística. Como resultado de la aplicación de la historia a la lingüística nace este volumen compuesto de varios estudios sobre las funciones y registros del lenguaje. Concebidos de manera amena y divulgativa, todos los temas aquí expuestos están además fundamentados sobre numerosas citas históricas. La tesis que enlaza las distintas partes es que las lenguas regionales han sido mediatizadas por múltiples factores: nacionalismo, religión, búsqueda de una identidad, necesidad de diferenciación, etc.

Para ilustrar este planteamiento Burke parte de la evolución del latín en su doble vertiente de lengua para elites y lengua común de todos los europeos. Por otro lado, con el fin de demostrar con un ejemplo que causas ajenas a la lengua pueden determinar la creación de lenguas nuevas, se estudia también el proceso de homogeneización de los dialectos italianos hasta su desarrollo como lengua nacional en el momento de la unificación política de la península italiana.

Pero Burke va más allá en sus estudios sociolingüísticos para introducirnos en un tema poco frecuente: la conversación y el silencio. Intenta demostrar la influencia de los tratadistas en el uso diario del lenguaje, con especial mención a los manuales impresos que llegan a convertir la conversación en todo un arte. Como complemento a esto, Burke acerca al lector a un elemento muy olvidado en la comunicación: el silencio.

El silencio está dotado de un valor y un significado propios equivalentes al del habla, y a través de él, el hombre también obtiene un medio para expresarse. Este nivel de expresión cobra diferentes significados según su momento y lugar para así pasar a significar respeto, sumisión, educación e incluso hasta llegar a caracterizar a una sociedad como la inglesa, tan amante del silencio, o determinar a una comunidad humana, como sucede en las órdenes religiosas. Lamentablemente, como apunta Peter Burke, el silencio no goza de la suficiente estima en la sociedad actual como para ser incluido en los tratados sobre la comunicación.

Carlos Segade

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