Guía para una educación inteligente. Hijos mejores

Francisco Kovacs

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Editorial Martínez Roca. Barcelona (1999). 233 págs. 2.300 ptas.

La búsqueda de la excelencia plantea la urgente tarea de alcanzar una educación de calidad. El problema surge cuando se advierte que el concepto de calidad encierra finalidades, métodos e, incluso, concepciones del hombre distintas y, no pocas veces, opuestas. Sin duda es muy atractiva la idea de una educación “científica” que nos permitiría alcanzar criterios incuestionables para guiar certeramente la tarea formativa. Según el autor, los últimos conocimientos sobre desarrollo cerebral nos brindan estos criterios.

Francisco Kovacs, profesor colaborador en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, quiere ofrecer pautas a los padres para lograr el mejor desarrollo de la inteligencia de sus hijos. Una parte destacada la ocupa la estimulación temprana del niño, a cuyo estudio dedica varios capítulos divididos en segmentos de edad que van desde el embarazo hasta los seis años. También habla de otras cuestiones: los niños superdotados, el uso de los ordenadores y la televisión, el dinero, la eficacia de los castigos o los peligros que acechan al niño, como las drogas o el alcohol.

Pero ¿es suficiente una educación “inteligente” que forme niños cerebralmente maduros? ¿Es eso todo lo que queremos al educar a nuestros hijos? No parece posible, como hace el autor, soslayar las cuestiones de fondo que orientan el proceso educativo sin el riesgo de caer en un arbitrismo cuando menos ineficaz. No podemos estar de acuerdo con la tajante afirmación que realiza Kovacs: la necesidad de unos criterios científicos que doten al quehacer educativo de un sentido último del que hasta ahora carece. Tal perspectiva nos aboca, querámoslo o no, a un concepto reduccionista del hombre. Multiplicar la inteligencia en pro de una capacitación poco definida no puede ser la meta última en la formación de personas. Obviar todas las dimensiones que encierra el hombre como ser personal y los múltiples factores que conlleva el proceso educativo y, a partir de ahí, realizar una enmienda a la totalidad del sistema, no parece muy científico.

Desde ese punto de vista se entiende la división que realiza Kovacs en dos secciones bien diferenciadas: la educación de la inteligencia, regida por el método científico, y el ámbito de la afectividad, como campo sometido a la opinión y a la subjetividad.

Dicho esto, hay que señalar que el autor ofrece múltiples ideas, certeras y sugestivas, para que los padres se enfrenten con el inexcusable deber de hacerse cargo de la educación de sus hijos. Además, nos apremia a integrar nuevos conocimientos, técnicas y métodos que, sin duda, ayudarán a alcanzar esa calidad tan deseada en educación y, con ella, la excelencia.

Mariano Sáez Jiménez

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