G.K. Chesterton, mi amigo

Rialp. Madrid (2011). 176 págs. 17 €. Traducción: Aurora Rice y Enrique García-Máiquez.

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Los lectores en castellano de Chesterton pueden congratularse por esta traducción de la primera biografía que se publicó después de la muerte del genial escritor. El biógrafo, W.R. Titterton (1976-1963), fue periodista, escritor, agitador sindicalista, incluso modelo de escultores, pero sobre todo, gran amigo de G.K. Esta es la perspectiva desde la que mira: cordial, inmediata –el libro salió en 1936, año de la muerte de G.K.–, trepidante y amena por el sinfín de anécdotas que trae a colación.

Titterton, consciente de la imposibilidad de abarcar a G.K., habla de lo que mejor conoce, su faceta como periodista y amante del debate. Juntos habían compartido muchos años de periodismo combativo y agitación cultural. Toda esta febril actividad queda bien subrayada sobre el agitado escenario político, cultural y económico del postvictorianismo, por el que –sin que nadie pierda la compostura británica– desfilan socialistas fabianos, liberales, sindicalistas, marxistas, conservadores, estetas, apologistas católicos, distributistas, imperialistas, entre otros.

Una presencia destacada en la biografía es la de George Bernard Shaw, con quien G.K. mantuvo una permanente y leal amistad, junto a una pugna ideológica sin cuartel. Titterton recoge con cierto detalle el desarrollo del famoso debate entre los dos amigos antagonistas.

Titterton reconoce siempre con gratitud quién era el patrón en todas aquellas empresas intelectuales y políticas, y quién el marinero, y cómo eso no levantaba barrera alguna a la amistad. Es emocionante el mea culpa y el descargo de conciencia del autor por haberse distanciado estúpidamente de su amigo durante unos pocos años, y la alegría de recuperar la amistad. Con él había aprendido cosas trascendentales, como la siguiente –citada a su vez en el magnífico prólogo de García-Máiquez–: “El periodismo falla cuando no relaciona la noticia del momento, o el comentario inmediato de la noticia, con la verdad eterna. G.K. Chesterton no falló nunca en este sentido”.

Y cosas que, desde luego, iban más allá del ámbito profesional: el apoyo de G.K. fue importante para su camino de conversión a la fe católica. Desde esa sintonía, se entiende que el propio progreso espiritual de G.K. sea un hilo constante de la trama de esta biografía.

El libro incluye un perspicaz capítulo de crítica literaria a dos de los mejores poemas de G.K., La balada del caballo blanco y Lepanto, y concluye con el fallecimiento del amigo, algunas valoraciones de sus contemporáneos y la expresión de una emocionada añoranza.