Fidelidad

José Morales

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Rialp. Madrid (2004). 243 págs. 14 €.

Morales es bien conocido por sus estudios sobre J.H. Newman y por sus trabajos en distintos campos de la teología. Afronta ahora un nuevo estudio teológico y antropológico sobre la fidelidad. Para esto se sirve de la penetración psicológica y de un cierto análisis fenomenológico, además de testimonios extraídos de la Escritura y los padres de la Iglesia, de escritos de teólogos y autores espirituales, sin que falten referencias al cine y la literatura.

De hecho, el primer capítulo aborda la fidelidad tal como aparece en la literatura y “en el mundo real”. Allí aparecen los ejemplos de Ulises y Penélope, Tristán e Isolda, Quijote y Sancho, Alioscha Karamazov o los personajes de las películas de John Ford, así como de otros hombres y mujeres, incluidos los santos. Más adelante se ocupará de distinguir entre la fidelidad verdadera y sus sucedáneos (la idolatría al honor o a las tradiciones familiares, el código o las convenciones sociales, las ideologías o la misma revolución). Luego sentará las bases humanas de la fidelidad verdadera al centrarse en la virtud de la lealtad.

A partir de estas bases, el autor muestra “el despliegue de la fidelidad”: la fidelidad con la familia y los amigos, la fidelidad con Dios y con la patria, la fidelidad en el matrimonio y en el celibato, la fidelidad en la Iglesia.

Pero además del fundamento humano en la lealtad, son esenciales los fundamentos sobrenaturales de la fidelidad. “Jesús es la fuente de nuestra fidelidad. No es solamente el ejemplo, sino quien la hace posible”. Elabora el autor un desarrollo teológico sobre el origen de la fidelidad del cristiano. Explica cómo es Dios quien llama y quien da la fuerza para responder y mantener la palabra dada que antes ha sido recibida.

Esto no debe hacer olvidar las dificultades. Pueden surgir las dudas, el orgullo hacer mella, la debilidad minar las raíces de la decisión más firme. Para afrontar este panorama crítico, Morales expone los “soportes” de esa arriesgada fidelidad. Es también el momento de recordar esa llamada, ese primer amor, y mirar el ejemplo de las personas que ya han sido fieles (y aquí el autor hace un recordatorio de los santos como testigos de fidelidad).

Se propone por último “el arte de la fidelidad”, que supone un progreso lento y permanente. Hay una “gramática” y un “lenguaje” de la fidelidad que se trata de aprender: palabras y silencios, gestos y actitudes. Sin embargo, el secreto está en el “alma” de la fidelidad. “El amor constituye el motivo verdadero de la fidelidad, y tiende a denunciar, arrinconar, y tal vez a expulsar a otros motivos impuros, inauténticos, o simplemente pragmáticos. Se encuentra entre ellos la resignación, la aceptación de lo inevitable, el puro deber, la mediocridad espiritual sin alas, la inercia, el mero temor al cambio. […] Amor y fidelidad son inseparables. Nacen y se desarrollan juntos”.

Pablo Blanco

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