Ficción e identidad. Ensayos de cultura postmoderna

Rialp. Madrid (2009). 192 págs. 10,50 €.

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Ana Marta González, profesora de Ética en la Universidad de Navarra, reúne en este libro varios ensayos publicados en la revista Nuestro Tiempo y dos conferencias inéditas. En una extensa presentación señala que los textos son “incursiones personales en distintos aspectos de la cultura postmoderna”.

Los temas que propone al lector son variados: en un capítulo se ocupa de “¿qué es Matrix?”; dos capítulos sobre Madonna; otros dos capítulos sobre “pensar la moda”; dos capítulos sobre gobierno y opinión pública… Aunque es claro que son ensayos independientes, González procura dar unidad al discurso. Entrelaza unos capítulos con otros de modo que los textos se suceden procurando añadir nuevas perspectivas sobre el que acaba por ser el gran tema del libro: la identidad en la sociedad postmoderna.

Se abordan muy variados aspectos de las reflexiones contemporáneas sobre la identidad, particularmente sobre la fragilidad de las identidades, incluso el voraz consumo de identidades que propone un continuo devenir en el que la pregunta sobre “quién soy” parece que deja de tener sentido: “muy a menudo tenemos la impresión de hallarnos ente un espectáculo que únicamente presenta variaciones (virtuales) sobre un mismo tema”; un espectáculo que, lejos de promover la aparición de singularidades irrepetibles, favorece -como Matrix- la anulación de toda discrepancia real con el sistema. Pero el peor de los equívocos tiene lugar -pienso ahora en Madonna- cuando el espectáculo postmoderno se presenta como una galería de identidades, a libre disposición del consumidor, como si la misma identidad no fuera otra cosa que apariencia, y estuviera en nuestra mano disponer de ella a nuestro antojo” (p. 113).

La autora busca subrayar la paradoja de que “la mal llamada ‘cultura’ postmoderna, en lo que tiene de exaltación del cambio y la superficie, no se lleva bien con la identidad” (p.. 128). Pero, a la vez, no duda en reivindicar una cierta aproximación “postmoderna” a la realidad, recuperando algunas reflexiones de raíz aristotélica tomadas de Inciarte en las que explica que “la sustancia concreta (a diferencia de la esencia), no es algo inmutable, rodeada de cosas (accidentes) que son las que cambian; más bien la sustancia misma es lo que cambia (accidentalmente), y por eso mismo, la sustancia, por decirlo así, nos la jugamos en los accidentes” (p. 123). En esta interesante tensión se mueven, sobre todo, los diversos textos propuestos sobre moda e identidad.

Los dos últimos capítulos del libro proponen al lector reflexionar sobre gobierno y opinión pública a partir de las contradicciones que se derivarían de la fuerza del poder y de la opinión y, por contraste, la fragilidad de las identidades. Toma pie de diversos textos como los de Baudrillard en su conocido “Cultura y simulacro” en el que denuncia que el poder “completamente expurgado de la dimensión política, depende como cualquier otra mercancía de la producción y el consumo masivo (mass-media, elecciones, encuestas)” (p. 153); o para sus reflexiones sobre la opinión pública, en buena medida, de la sugerente obra de G. Tarde. La autora defiende la necesidad de conversaciones alternativas a las dominantes, “pero teniendo bien presente que la alternativa sólo será real -sólo será realmente alternativa- si la conversación en cuestión está hecha de verdades no neutralizadas por el deseo de reconocimiento, por el deseo de agradar a todos” (p. 183).

Se trata de un texto divulgativo para un público amplio. Los capítulos pueden leerse por separado y consiguen, también así, suscitar el debate y proponer reflexiones.

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