Father Courage. What Happens when Men Put Family First

Suzanne Braun Levine

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Harcourt Inc. Nueva York (2000). 288 págs. 24 U.S. $

¿Q ué pasa cuando los hombres ponen en primer lugar a la familia? Esta es la pregunta a la que trata de responder Suzanne Levine, madre y periodista, cofundadora de la revista feminista Ms. En un rápido resumen, las conclusiones del trabajo de Levine llevan a pensar que los padres que se han decidido por llevar una vida más dedicada a su familia tienden a disfrutar más de la vida, incluso con verdadero placer por estar con sus hijos y compartir el tiempo con ellos. Al mismo tiempo, según otros estudios de los que se vale la autora, los hijos de padres que les han dedicado suficiente tiempo tienen una mayor autoestima y logran alcanzar sus objetivos con más éxito.

El libro presta atención a las razones por las que muchos hombres se muestran pasivos ante su papel en la familia. En primer lugar, se encuentra la educación recibida que apunta hoy, en el mejor de los casos, a que es bueno que el hombre ayude en casa… pero que no se le puede pedir que “comparta”. En segundo lugar, la idea preconcebida de que por naturaleza en el hombre, a diferencia de la mujer, prima la ambición y los intereses profesionales por encima de los valores familiares.

A esta última idea dedica el capítulo “Work and Everything Else” (El trabajo y todo lo demás). En él analiza la situación laboral de los padres en una sociedad tan avanzada como la estadounidense. Y es que, pese al desarrollo económico, el mundo laboral sigue configurado de espaldas a las responsabilidades familiares. En un brillante capítulo final, “Can Men Have It All?” (¿Pueden los hombres tenerlo todo?) señala con acierto el hecho de que el éxito de un padre siempre se mide en lo exterior pero no en sus posibles logros “puertas adentro”.

Levine considera que la reivindicación del papel de los varones como padres es la otra cara de la lucha feminista, pero es algo que puede defenderse en sí mismo: primero, como deber de justicia en parejas en que ambos trabajan fuera de casa; segundo, por el mero hecho de que un papel protagonista del padre se hace necesario para la buena educación de los hijos. Por otro lado, se echan de menos datos sobre otros países distintos de Estados Unidos, ya que solo las breves referencias a Europa son puras anécdotas sobre países en los que los hombres disfrutan de iguales condiciones legales y prácticas para permisos de maternidad.

Carlos Segade

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