Entre rusos

TÍTULO ORIGINALAmong the Russians

GÉNERO

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Península. Barcelona (2001). 284 págs. 2.500 ptas. Traducción: Eduardo Goligorsky.

En 1980, Colin Thubron (Londres, 1939) cumplió un viejo sueño y cruzó la frontera de Polonia con la URSS en su Morris Marina para viajar durante unos meses al oeste de los Urales: Minsk, Smolensk, Moscú, Leningrado, Tallin, Riga, Piatigorsk, Gori, Odesa, Kiev. Entre rusos es el fruto de esa experiencia singular, y ofrece mucho más de lo que los tópicos de Rusia y el comunismo moribundo puedan hacer sospechar.

Se recorren llanuras de Rusia, montañas sagradas, bosques llenos de mosquitos, campiñas casi mediterráneas o bloques de edificios mastodónticos desparramados en ciudades impersonales; la Rusia de la memoria de Pedro el Grande, de Napoleón, de Dostoievski; la del melting pot de razas a la soviética (fineses, rusos, georgianos, armenios). Y esas personas que encuentra Thubron al paso, acodados en un bar, sofocados en una sauna, recogiendo setas, trabajando en un camping o haciendo auto-stop, dan la clave del viaje. Por eso Thubron se resiste a convertirlos en meros personajes y la narración oscila entre lo novelesco y lo periodístico, con las lentas borracheras, funerales, recitales de poesía, mercadeo de vaqueros y la música pop, disidentes que apuran el carboncillo de los papeles de calco en las publicaciones del samizdat, viejos bolcheviques, locos y hasta la obsesiva presencia del KGB y su cerco sobre el viajero cuando el periplo está a punto de terminar.

En el personalísimo mundo de la literatura de viajes, Entre rusos, y otros libros de este autor como En Siberia (ver servicio 26/01) y El corazón perdido de Asia (ver servicio 105/98), son una excelente respuesta a la pregunta: ¿cómo escribir de los demás sin dejar de escribir de uno mismo? Hay, pues, sobrados motivos para reeditar una obra que ya se publicó en España en 1986 y que, a pesar de muros caídos y repúblicas independizadas, conserva su vigencia para comprender el presente de Rusia.

José Antonio Pérez Aguirre