Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales

TÍTULO ORIGINALEncyclopédie: The Triumph of Reason in an Unreasonable Age

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Anagrama. Barcelona (2007). 460 págs. 22 €. Traducción: Javier Calzada.

Tiene gracia que el autor de este libro sobre la Enciclopedia por antonomasia, que llena con sus 27 volúmenes la segunda mitad del XVIII, sea más radical aún que Diderot, el alma de la empresa. Un caso más, quizá, de síndrome de Estocolmo. Desentona, en especial, su fobia a la religión, que no viene a cuento. Para hacer la historia de una época hay que intentar tratar con igual objetividad a los que caen bien y a los que caen mal, porque, de otro modo, lo que se escribe se parece más a un panfleto o, como mucho, a una historia novelada.

Blom, sin embargo, ve bien lo esencial: la Enciclopedia fue una elección a favor del pueblo y contra la aristocracia; a favor de las ciencias y artes prácticas más que de la filosofía; a favor de un vago deísmo, enseguida convertido en ateísmo, en contra de la religión cristiana, marcando una pauta que, en algunos países de Europa, llega en cierto sentido hasta hoy mismo.

Tolerada por influyentes ministros de Luis XV, aplaudida en los salones, la Enciclopedia trajo a sus autores, Diderot y D’Alembert, más disgustos que beneficios. Voltaire miraba todo con displicencia desde el dorado exilio. Rousseau, paranoico como era, se enfadó con todos. Holbach empleó su fortuna en apoyar a estos ateos encubiertos, él que lo era de forma declarada.

No hay en la Enciclopedia un pensamiento de fondo, al menos de cierta profundidad, lo que se explica por la elección pragmática que hizo Diderot, y también porque temas de más envergadura no habrían pasado la censura. De cómo eran aquellos tiempos da idea un suceso comentado en este libro: la condena a tortura y muerte a un joven por un no probado delito de destrozos en un crucifijo. Diderot, marcando la diferencia, comenta: “Allá donde está vigente la Inquisición la cosa habría acabado con un mes de prisión y una reprimenda”.

El libro cuenta bien cómo la mayor parte de los artículos de la Enciclopedia se debió a De Jaucourt, un hombre trabajador, ordenado, que gastó su dinero en una tarea que le entusiasmaba. Pero nadie le ha agradecido tanta dedicación. Y destaca cómo la Enciclopedia, más que alumbrar nuevos tiempos, fue un retrato general del mundo que estaba a punto de venirse abajo. Un mundo en el que imperaba la hipocresía y la doble moral, también entre los intelectuales avanzados: Rousseau, que en el Emilio defendía una educación esmerada y cuidadosa de los niños, envió al hospicio, y no volvió a querer saber nada de ellos, a los cinco hijos que tuvo con su compañera…

De fácil lectura y tono a veces ligero, quizá eso explique que aparezcan algunas ambigüedades: por ejemplo, en p. 10, parece que coloca a Ramon Llull en el siglo XVI, y no en XIII-XIV. No gustará a los valencianos que escriba que “Tirant lo Blanc” es una “novela catalana”.

Rafael Gómez Pérez

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