El pensamiento ético-político de Juan Pablo II

José Ramón Garitagoitia

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Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid (2002). 357 págs. 22 €.

El libro de Garitagoitia tiene su origen en su tesis doctoral en Ciencias Políticas. Pero se aproxima al objeto de estudio no solo con el rigor académico, sino también con una sintonía personal. Su investigación repasa la biografía humana e intelectual de Wojtyla, al tiempo que aprovecha para poner en contexto histórico sus ideas sobre la sociedad.

Para los conocedores de la doctrina católica sobre la sociedad y el hombre, no hay muchas sorpresas en cuanto al contenido, pero la visión de conjunto y la sistematización de Garitagoitia son una verdadera aportación. La parte más extensa estudia la doctrina de Juan Pablo II sobre las concretas instituciones sociales (“El Estado y la gestión del bien común”); pero quizá lo más interesante es descubrir las raíces intelectuales y vitales del pensamiento de Karol Wojtyla, y cómo han perfilado de modo peculiar su filosofía social.

El Papa ha tenido la virtud de actualizar el patrimonio de la Iglesia -muy enriquecido por la doctrina social elaborada a lo largo del siglo pasado-, aportando la claridad intelectual de una filosofía moderna que ha sabido dialogar con fruto con la tradición clásica, el personalismo cristiano.

La renovación de la doctrina se apoya también en su experiencia en la lucha por salvaguardar la libertad y el desarrollo personal a través de la vida comunitaria, tan atacada en la Polonia del siglo XX. Y, en último lugar, Juan Pablo II ha puesto al día esas enseñanzas predicándolas en todos los ambientes, ante las más diversas autoridades y entre las masas desprotegidas del Tercer Mundo.

Por estos motivos, la crítica de Juan Pablo II al materialismo no se ha limitado a los regímenes comunistas. La defensa de la libertad del hombre le ha llevado también a criticar el materialismo economicista de Occidente. “La verdad os hará libres” es su pasaje preferido del Evangelio. Y para que haya verdadera libertad, no bastan las libertades procedimentales de la democracia: ésta ha de estar fecundada por los valores que exige el desarrollo integral de la persona.

Ricardo Calleja Rovira

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