Iain McGilchrist es psiquiatra, miembro de la Real Academia de Psiquiatría de Gran Bretaña, escritor, filósofo y exprofesor de Literatura en Oxford. En esta obra, y en otra posterior (The Matter with Things), da la réplica al cientificismo y al biologismo a partir de sus investigaciones sobre los hemisferios del cerebro. Muestra que en ellos se basan sendas formas de conocer, y una de ellas llega más allá de la materia.
El libro comienza aclarando algunos mitos sobre los hemisferios cerebrales, provenientes principalmente de obras de divulgación psicológica, sobre todo las antiguas. Pero sí que existen diferencias entre ellos, aunque no son tan simples como se supone. En general, la diferencia no radica en “qué” se hace, sino en “cómo” se hace.
En efecto, el hemisferio izquierdo trabaja con unidades; el derecho, con agregados. El hemisferio izquierdo se centra en la concentración y se activa cuando hay un objetivo. El derecho no tiene un “propósito”. El hemisferio izquierdo se ocupa más de las abstracciones: de lo claro, lo fijo y lo explícito. El derecho busca el sentido de las cosas; de hecho, es el más importante. El título alude a que el hemisferio derecho es el maestro, mientras que el izquierdo es su emisario. Y cuando el emisario sobreestima su papel e intenta superar al maestro, las cosas no salen bien. El hemisferio izquierdo siempre tiene esta tendencia. No puede salir de su propia perspectiva limitada y lo absorbe todo bajo sus categorías y conceptualizaciones.
Pero no solo tenemos dos modos diferentes de interpretar el mundo, sino que estos modos pueden exacerbarse hasta influir en la cultura misma, lo que produce enormes cambios de mentalidades en las sociedades humanas, como se encarga de mostrar el autor en la segunda parte de su ensayo.
Uno de los temas más interesantes del libro es apreciar cómo la realidad es mucho más compleja de lo que podemos comprender racionalmente y cómo nuestra visión del mundo está filtrada y preinterpretada sin que nos demos cuenta. Incluso aunque la existencia de diferencias hemisféricas cerebrales fuera una exageración, la tesis de McGilchrist seguiría siendo increíblemente perspicaz. Sin duda, existen dos “realidades” en nuestra experiencia. Parecen estar influidas por la diferenciación hemisférica, pero si no lo estuvieran, su realidad ontológica es imposible de ignorar, independientemente de su origen neuroanatómico.
Es asombroso el conocimiento del autor y la amplitud de su perspectiva al presentar su teoría, recurriendo a la literatura, la pintura, la escultura, la poesía y la música; y las conecta de modo convincente y clarividente con las diferencias hemisféricas.
En verdad, no es un libro fácil. Por momentos es muy denso, pero vale la pena. El cambio de perspectiva es asombroso, y cualquiera que esté realmente interesado en comprender tanto la manera en que los seres humanos dan sentido a la vida como la historia de las ideas en el mundo occidental, no puede permitirse dejar de leerlo.