El lugar al que se vuelve. Reflexiones sobre la familia

Rafael Alvira

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

EUNSA. Pamplona (1998). 112 págs. 1.000 ptas.

La familia es el lugar al que se vuelve. Comprender esta verdad tan sencilla y profunda supone llegar hasta la esencia de la familia. Platón decía que la sociedad era un ser humano en grande; Alvira, catedrático de Historia de la Filosofía en la Universidad de Navarra, sostiene que la familia es el espíritu humano en grande. Esto significa que la institución familiar expresa y significa lo humano con más plenitud que cada individuo. En ella, dice, somos conservadores, pues tenemos motivos para conservar; somos sociales, pues allí aprendemos a apreciar a los demás; somos liberales, pues en ella adquirimos personalidad propia; somos progresivos, porque es la institución del crecimiento.

El concepto de familia incluye tres funciones básicas: la intimidad y la educación, que son como el alma de la familia, y la economía, que viene a ser su cuerpo. La intimidad es lo que centra al hombre: por eso, un individuo sin familia vive “descentrado”. En segundo lugar, el clima adecuado para la educación es la familia, ya que en su ámbito se produce el diálogo. Por último, aunque la familia ya no sea una unidad de producción, se puede mantener que la economía es por y para la familia.

Para desplegar estas tres funciones son necesarios el espacio y el tiempo familiares. El espacio espiritual en la familia se puede ampliar aunque se reduzca el espacio físico. A un hijo hay que hacerle espacio físico, pero amplía el espacio espiritual de los demás miembros. Con el tiempo ocurre algo similar. En la familia hay un tiempo cuantitativo, al que nos referimos cuando hablamos de “dedicar tiempo”; pero también hay un tiempo cualitativo, que es el ritmo, la cadencia que adquiere la vida familiar.

La virtud familiar por antonomasia es la magnanimidad, la grandeza de ánimo, que se despliega en tres: el entusiasmo para empezar (momento lírico), la tenacidad para seguir (momento narrativo) y el desprendimiento para ver cómo lo construido se va: los hijos que forman otras familias (momento épico).

Por último, la familia es el lugar de la esperanza. Quien tiene una verdadera casa posee un seguro contra la desesperación y un refugio dispuesto al que siempre puede volver.

Carlos Goñi Zubieta

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares