El último recurso

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The Ultimate ResourceDossat. Madrid (1987). 484 págs. Edición original: University Press. Princeton (1981).

El pesimismo demográfico teme que, si seguimos creciendo, llegará un momento en que no habrá bastante para todos. El economista norteamericano Julian Simon estudia la relación entre población y recursos, con dos eficaces remedios contra el espanto: confrontar las previsiones catastrofistas con lo que en realidad ha ocurrido y sugerir enfoques originales que descubran la otra cara de los problemas (ver servicio 27/87).

El miedo al aumento de población se basa en un craso error: creer que los recursos son fijos o tienen un límite definible. La cantidad de recursos disponibles está constantemente afectada por nuevos descubrimientos tecnológicos y nuevas demandas comerciales. Por tanto, no debe asombrar que en los últimos decenios las reservas de materias primas hayan aumentado, en vez de disminuir, a la vez que crecía la demanda. Igualmente, se ha incrementado la producción de alimentos por habitante.

A la vez, como los recursos efectivos dependen del trabajo humano, el crecimiento demográfico tiene efectos positivos. Amplía los mercados y estimula la actividad económica. Por ejemplo, hace que sean rentables muchas inversiones en infraestructuras, necesarias para la prosperidad, que no son factibles donde la población es escasa y dispersa.

En definitiva, no hay fundamento científico para afirmar que la población actual es demasiado grande o que aumenta demasiado deprisa. Tales prejuicios olvidan un dato fundamental de la economía: el ingenio y el trabajo humanos. Antes que la tierra o cualquier otro medio material, el ser humano es el recurso supremo.