El fin es mi principio

Maeva. Madrid (2007).414 págs. 21,50 €. Traducción: Teresa Clavel.

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Tiziano Terzani (1938-2004) fue corresponsal de Der Spiegel durante los años setenta y ochenta, en momentos críticos de la historia de países como Vietnam, Camboya, la China posmaoísta, Filipinas, etc. Poco antes de su muerte, que parece aguardar con serenidad estoica y agradecimiento por haber tenido una vida tan llena, pide a su hijo que tengan unas largas conversaciones en las que pueda contarle toda su vida y responder a todas sus preguntas.

Al hilo de sus recuerdos o de las preguntas de su hijo, en sucesivas conversaciones en las que también intervienen su hija y su mujer, Terzani repasa su infancia en Florencia, sus estudios, su noviazgo, su trabajo durante unos años en la Olivetti, su aprendizaje del chino y sobre China en la universidad de Columbia, y luego su larga y rica carrera como periodista. De paso expone también lo que piensa del mundo y de la vida mezclando distintos enfoques: predominan algunas enseñanzas de tipo místico aprendidas en el Tíbet y en la India, una y otra vez asoma una fortísima fobia antinorteamericana, se cuestionan los resultados de la influencia occidental en países de otras culturas, etc.

Se ve que Terzani fue un tipo audaz para entrar sin miedo en los lugares más conflictivos, con una sensibilidad particular para estar en los sitios en el momento crítico y unas dotes sobresalientes de relación con los demás. Se deduce también que pudo actuar como lo hizo debido al apoyo y la comprensión de una mujer extraordinaria: desde un punto de vista humano, quizá lo mejor del libro sea precisamente la fidelidad mutua y mantenida toda la vida entre Terzani y su mujer en unas condiciones tan singulares.

También se puede afirmar, y no sólo porque Terzani diga de sí mismo varias veces que no es un intelectual sino un hombre de acción, que le falla la capacidad de discernimiento. A pesar de que indique que un día cayó en la cuenta de que “esa verdad que iba buscando no estaba en los hechos sino detrás de los hechos”, algunos de sus análisis son muy simplistas y están marcados por sus raíces ideológicas adolescentes y unas antipatías anticlericales que parecen incubadas en la Italia en la que creció, algo matizadas por su admiración por los jesuitas y por la madre Teresa. Con todo, El fin es mi principio es una lectura interesante y amena.

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