El espíritu hambriento. Más allá del capitalismo

TÍTULO ORIGINALThe Hungry Spirit

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Charles Handy Apóstrofe. Barcelona (1998). 283 págs. 2.900 ptas. Ed. or.: 1987. Traducción: María Isabel Merino.

Charles Handy (1932), profesor inglés de economía, se formó en Oxford y en el MIT y fue directivo de la Shell hasta que reorientó su carrera hacia la enseñanza. Con el tiempo, ha llegado a ser uno de los más célebres gurús de los negocios. Pertenece a la Iglesia de Inglaterra. Ha escrito seis libros de gran difusión, entre los que destacan The Age of Unreason, The Age of Paradox (ver servicio 107/96) y Beyond Certainty (estos dos últimos, traducidos al castellano).

En esta obra, Charles Handy repite, como era de esperar, ideas de fondo que ya habían aparecido en sus anteriores ensayos. Pero las estructura de distinta forma, las enriquece y las ilustra con nuevos ejemplos. Un tono de anglosajona ironía hace amena la lectura de este libro impregnado de buen humor y esperanza. Aunque presenta situaciones graves, Handy no cae nunca en la denuncia apocalíptica.

Muchos de nosotros, afirma, estamos desconcertados por las consecuencias del capitalismo, que divide al mundo en pobres y ricos, consume sus energías y también las nuestras; desconcertados ante un mundo supereficiente, altamente productivo, pero sin alma. ¿Cómo satisfacer nuestra sed espiritual? Handy sugiere que hay que reexaminar el papel del trabajo en nuestras vidas, y descubrir qué es lo que realmente queremos expresar y ser. Las organizaciones empresariales deben también ayudarnos a encontrar la finalidad de nuestra existencia, además de apuntar a la creación de riqueza y al beneficio. Las empresas, como los individuos, solamente pueden crecer si asumen riesgos y se proponen la meta de convertir en negocio los sueños de la gente. Para hacerlo bien, es necesario que las empresas se comporten como ciudadanos corporativos de un mundo más amplio que el diseñado por sus intereses. Esto implica que tienen un gran papel en la elevación de la estructura moral de la sociedad y que deben utilizar su poder para distribuir conocimiento y riqueza.

Como antiguo ejecutivo de una empresa petrolífera y profesor de negocios, Handy se considera corresponsable de los éxitos y desgracias del capitalismo, así como de la peculiar ética individual que lo sostiene (competición, títulos, éxitos profesionales, etc.). Pero desde hace un par de décadas, afirma, su vida se ha orientado más hacia la familia, los amigos y la consideración de esas necesidades que son propias de una persona completa y no de una mera pieza de una maquinaria empresarial.

El espíritu hambriento es una curiosa mezcla de pequeñas historias reales, exploraciones filosóficas y sabiduría moral que puede insuflar esperanza en personas que se encuentran arrastrados por la dinámica del beneficio. En discusión con economistas modernos (Keynes, Drucker) y con pensadores clásicos (Aristóteles, Kant, Sartre), el libro promete una transformación a quienes acojan sus consejos sobre la creatividad y la acción. Considera que la familia es una institución con gran futuro, pues en ella el hombre ve fortalecida su autoconfianza y promovida su responsabilidad. Reconoce que la Iglesia es admirable, al menos como empresa de dos mil años de antigüedad, que ha sabido crear pequeños núcleos de vida autónoma descentralizada, sin perder su identidad, gracias a una peculiar presencia del todo en cada una de esas partes. Afirma que la religión es necesaria, porque “la búqueda de significado no se satisface con el aumento de la productividad”. Si hubiera que reprochar algo a Handy, sería su excesiva insistencia en el “self”, que revela un cierto individualismo de corte anglosajón.

Gabriel Vilallonga