Publicada en 1891, El duelo es una de las pocas novelas cortas que publicó Antón Chéjov (1860-1904). Conocido sobre todo por sus obras de teatro y por sus cuentos, de los que escribió más de mil, en sus novelas cortas suele desarrollar bastante más el argumento, introduce una intriga que suele forzar un desenlace y también profundiza en el tratamiento psicológico de los personajes. En sus relatos, estas características aparecen más sintetizadas y comprimidas.
El duelo lo escribe en su época de madurez, en un momento de crisis de los estilos de vida tradicionales. Cuenta la vida de un funcionario anodino, Iván A. Laievski, que está bastante harto de su amante, Nadiezhda Fiódorovna. Para poner tierra de por medio, se han trasladado al Cáucaso, un lugar bastante caluroso. Laievski solo tiene una idea fija en la cabeza: abandonar a su amante, regresar a San Petersburgo y recuperar la ilusión por la vida que, dice, ha perdido desde que vive con Nadiezhda.
Laievski tiene como confidente de sus problemas al médico Samóilenko, un excelente personaje en el que algunos críticos han querido ver a un trasunto del propio Chéjov. Buena persona, no piensa nunca mal de nadie y hace todo lo posible por ayudar a los demás y solucionar sus problemas. Laievski, que está agobiado por sus numerosas deudas, le confiesa en numerosas ocasiones su debilidad y su naturaleza “mustia, débil, dependiente”, que le han convertido en “un hombre vacío, insignificante y degenerado”, rasgos que recuerdan mucho a los protagonistas habituales de los relatos de Chéjov.
Mientras Samóilenko se compadece de su infortunio y debilidad, el zoólogo Von Koren, la antítesis de Laievski y también protagonista de esta breve novela, le juzga como un farsante, una persona depravada y de un egoísmo dañino. Von Koren aplica a su vida los criterios filosóficos y científicos nietzschianos, y piensa que la clave de la existencia es la lucha por la vida, por lo que “nosotros no debemos preocuparnos por la destrucción de los endebles e inútiles”, categoría en la que incluye a Laievski.
El argumento conduce irremisiblemente al enfrentamiento entre Laievski y Von Koren. Al tratarse de una novela corta, no solo se apunta el conflicto, sino que hay una resolución que, en esta ocasión, adquiere una dimensión moral, lo que no es muy normal en Chéjov.
El autor es brillante en sus planteamientos literarios. La novela tiene magníficos retratos, buen ritmo, agudas observaciones y un final quizás demasiado previsible. La edición de Nórdica, con las fantásticas ilustraciones de Javier Olivares, proporciona aún mayor atractivo al texto.