El choque de civilizaciones

Paidós. Barcelona (1997). 422 págs. 3.750 ptas. Edición original: Simon & Schuster. Nueva York (1996).

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Este libro era famoso ya antes de aparecer, desde que Samuel Huntington publicó su idea del choque de civilizaciones en la revista Foreign Affairs (verano 1993; ver servicio 84/93). Aquel artículo recibió muchos comentarios, elogiosos y críticos, en una larga polémica que la publicación del libro está prolongando.

Huntington, director del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad Harvard, sostiene que tras la Guerra Fría, enterrada junto con el comunismo europeo en 1989, la política mundial ha dejado de regirse por posturas ideológicas: ahora se realiza según pautas culturales. Las culturas o civilizaciones -a diferencia de los estudiosos alemanes, Huntington no distingue entre estas dos nociones- han sustituido a las ideologías como aquello con lo que las personas y los pueblos más se identifican. En consecuencia, la mayor fuente de conflictos internacionales no será ya el enfrentamiento ideológico, sino el choque de civilizaciones. En concreto, Huntington identifica nueve civilizaciones principales en el mundo actual: la occidental, la eslavo-ortodoxa, la china, la musulmana, la latinoamericana, la africana, la hindú, la budista y la japonesa.

De esta tesis central derivan cinco corolarios. 1) Hoy, la política mundial es a la vez multipolar y multicivilizacional; la modernización ha comenzado a verse como un proceso distinto de la occidentalización. 2) Hay un cambio en el equilibrio del poder entre las distintas civilizaciones: Occidente está en declive; las culturas asiáticas están en auge gracias a su nuevo poder económico, militar y político; y el islam, debido a su crecimiento demográfico, se ha convertido en un factor potencialmente desestabilizador. 3) El nuevo orden mundial emergente se configura según el modo en que se agrupan los países con culturas o civilizaciones similares. 4) Las pretensiones universalistas de Occidente le ocasionarán conflictos cada vez más numerosos y graves con las otras civilizaciones, en particular con la china y con la islámica. 5) La supervivencia de Occidente dependerá de que reafirme su identidad occidental (en contra de la tan extendida política multiculturalista) y de aceptar que su civilización es singular, particular y no universal.

La tesis de Huntington tiene las virtudes y defectos propios de las grandes intuiciones: perspicaz y sugerente en sus líneas generales, vulnerable en los detalles. Una ojeada al mundo actual descubre un panorama que concuerda con la descripción del autor. El empuje del islamismo muestra que una de las fuerzas que más pueden cambiar el escenario internacional no tiene su motor en la ideología ni en el viejo pragmatismo a lo Kissinger, sino en la fe religiosa. En gran medida, el movimiento reivindicativo de los “valores asiáticos” es también una confirmación de esas ideas revisionistas de la historia.

En cambio, mirada con lupa, la tesis hace agua. Lo primero que han atacado los críticos es la misma división del mundo en civilizaciones. Cada una de las definidas por Huntington parece más bien una etiqueta puesta -con cierto fundamento- a países con no menos diferencias que semejanzas. Lo que en ninguna región es tan claro como en Asia. De hecho, la civilización confuciana que aparecía en el artículo de Foreign Affairs, en el libro se transformado en dos: china y budista. Aun así, las piezas siguen sin encajar bien. Malasia, abanderada de los “valores asiáticos”, es de mayoría musulmana. El choque de civilizaciones no explica la Guerra del Golfo, iniciada por la invasión de un país árabe e islámico por otro.

En segundo lugar, los intereses económicos y políticos siguen teniendo un papel destacado en los conflictos internacionales. Con las disputas árabe-occidentales tienen mucho que ver el petróleo y las pretensiones de hegemonía de unos u otros. Así, Occidente se enfrenta a Irak pero no a Arabia Saudí, régimen mucho más islámico e integrista (sunní) que el de Bagdad.

Sin embargo, los análisis de Huntington son más realistas y agudos que la interpretación contraria, la de Francis Fukuyama, que auguraba el triunfo definitivo de la democracia liberal en todo el mundo. El choque de civilizaciones es, pese a sus debilidades, una de las obras más interesantes entre las que han tratado de adivinar cómo será la escena internacional tras el declive de las ideologías.

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