Después del fin del arte

TÍTULO ORIGINALAfter the End of Art

GÉNERO

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Paidós. Barcelona (1999). 252 págs. 2.600 ptas. Traducción: Elena Neerman.

No es nueva la proclamación del final de alguna práctica cuyo cambio va más allá de la sustitución del paradigma vigente. Así terminó la novela (con Joyce), la filosofía (o su utilidad, con Wittgenstein), la historia (según Fukuyama), por no hablar de la modernidad (Vattimo) o el arte moderno (Gablik). Y sus finales han sido tan sonados y superados que el anuncio del siguiente puede prevenir contra él.

Pero si no han sido ciertos, llegará un día en que alguno de esos finales necesariamente lo sea; en concreto para aquello que, escapando de la condición de lo sempiterno, tuvo un principio y también tendrá un final. Tras ese final se alcanzará un estado de libertad absoluta, como suelen pronosticar los historicistas: es Hegel quien suele soportar esas visiones, y el libro de Danto tiene esa raíz hegeliana desde el título y el subtítulo (El arte contemporáneo y el linde de la historia).

Para Danto ya sonó la hora postrera del arte, y antes que vivirlo como un momento desesperante (un mundo sin arte, bloqueado en su creatividad por falta de justificación válida), es un momento gozoso: el arte, después de nacer -algo que ocurrió, según Belting, con quien Danto coincide, hacia 1400-, por fin se libera de la carga de pensamiento que soportaba para ser él mismo, sin reglas, para renacer. Antes no era sino una forma inconsciente de filosofía, primero tosca y preocupada por imitar la realidad, luego buscadora de la consciencia de sí mediante la reflexión con sus propios instrumentos (en la pintura, formas sobre un plano), para finalmente llegar a ser filosofía pura, con lo que la liberación se perfecciona.

Eso ocurrió una tarde de 1964, cuando Warhol expuso su Brillo Box y planteó una pregunta: ¿qué es lo que diferencia a una obra de arte y algo que no lo es, cuando no hay una diferencia perceptible interesante entre ellos? O desde el objeto: ¿por qué yo soy una obra de arte? Entonces el arte se hace consciente de su verdadera naturaleza y termina su agónica depuración y empieza otro arte, el posthistórico.

Compuesta por materiales diversos (conferencias y artículos) que funcionan como un todo, la tesis de Danto tiene repercusiones a veces aparentemente contradictorias: ¿puede hacerse crítica de arte (él la hace) después del fin del arte? Sí, porque el arte podrá ser bueno o malo, pero ahora independientemente del estilo, de la justificación filosófica, pues se ha superado la etapa de los manifiestos. Asimismo, el museo como hasta ahora se entendía también se verá modificado.

El libro de Danto seguramente ya no conmoverá ningún cimiento: los círculos del arte -mercado, museos y exposiciones, publicaciones y crítica de arte- siguen inmutables pese a ser post-1964. Pero su aportación seguro que alivia a muchos creadores y a los integrantes de esos círculos, y garantiza a Danto y su arte posthistórico (el nuevo, el liberado) un lugar destacado en la posthistoriografía.

José Ignacio Gómez Álvarez