Cuadros de viaje

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Gredos. Madrid (2003). 519 págs. 26 €. Traducción: Isabel García Adánez, con Introducción y notas.

La obra se refiere a los viajes realizados por Heine desde 1824 a 1831 (es decir, desde sus 27 años a los 34). El original consta de cuatro tomos, inicialmente independientes. Esta edición española no es como la primera original: el propio Heine trasladó a otros libros los textos escritos antes de 1824 que se hallaban en la primera edición. Faltan aún otros pocos textos, cuya ausencia justifica la edición de Gredos diciendo que así queda más equilibrada y unitaria en beneficio del libro y del lector.

Heine publica poemas desde los veinte años -es casi exclusivamente conocido como poeta-; se doctora en Derecho a los veintiocho años, al mismo tiempo que, de religión judía, se convierte al cristianismo protestante. Un año después se publica el primer tomo de Cuadros de viaje. En 1827, el segundo tomo; es en esta fecha cuando su libro de poemas Libro de canciones hace que se le considere cumbre de los poetas románticos; durante todo el XIX la música es romántica, y los grandes -Schubert, Schumann, Brahms, Liszt…- toman poemas de Heine para componer sus Lieder, lo cual perpetúa la reducida y equivocada noción de su completa obra. En 1828 se publican los dos tomos finales de Cuadros de viaje.

Es este un libro inclasificable, diría un estudioso con un leve dejo de irritación; pero como orientación al lector digo que es un poquito libro de viajes, y es más como una carta al lector y como un diario íntimo, todo a la vez…

El libro molestó. La nota de inclasificable que su libro tiene, la libertad de escritura y redacción -signo propio del genio-, esa libertad (no insensata espontaneidad) de opinión y juicio moral y social, las críticas atrevidas y responsables (cita nombres y apellidos), y, parece, el hecho de ser un converso, le granjearon antipatías. Estas se tradujeron de modo creciente a lo largo de su vida en un arrinconamiento de la persona y de sus obras: exiliado él, y ellas prohibidas y algunas quemadas, y, después de la muerte del autor, hasta arrancadas por Hitler de la historia de la literatura.

El frescor que estas páginas transmiten es un goce artístico e intelectual. Artístico no sólo porque intercale poemas, sino porque su prosa describe de un modo sobresaliente, y en sus momentos máximos consigue altísimo clima poético (prueba de la buena traducción); a veces dramatiza, dialoga, crea personajes, a veces hace novela, muestra su vida íntima (sus viajes son a veces por los lugares de la memoria, interiores, a veces inventados), nos escribe una carta… Y es un goce intelectual su lectura porque hay pensamiento: Heine es naturalmente filósofo, inteligente, culto, sabio. Es también este un libro con mucho humor. Y cuando critica obras o personas no sólo es humorístico sino irónico y, con algunos, hasta mordaz; p.ej.: con el pobre Von Platen.

No es sólo un documento histórico de su tiempo, sino que -no en vano ha pervivido- es un rico y ameno y original libro de hoy.

Pedro Antonio Urbina