Corresponsales en el extranjero: mito y realidad

Christopher David Tulloch

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EUNSA. Pamplona (2004). 287 págs. 18 €.

Aparecer en el telediario estrella y como fondo una avenida neoyorquina es el sueño de muchos alumnos de periodismo y de profesionales jóvenes mientras se pudren en una mesa de redacción entre montañas de teletipo y pantallas. Esa especie de “atracción fatal” y del contexto real en el que, como profesión informativa, se desenvuelve, constituye la trama de “Corresponsales en el extranjero: mito y realidad”. En realidad es un texto académico. No en el sentido pedante de la palabra, sino en el que tiene todo trabajo serio de investigación.

Christopher David Tulloch ha trabajado como corresponsal en el extranjero y actualmente es profesor de Periodismo Internacional en la Universidad Internacional de Cataluña. Aquí expone, con la minuciosidad del investigador social, prácticamente todas las dimensiones que determinan o influyen de forma decisiva en el trabajo del periodista corresponsal en el extranjero. Este estudio se fundamenta en una encuesta realizada entre un notable grupo de profesionales españoles de la información internacional, y se complementa con una amplia y escogida documentación de trabajos sobre el mismo tema, publicados casi siempre en el ámbito anglosajón.

La variada tipología de estos profesionales de la mediación informativa no responde sólo a la figura clásica del corresponsal, sino que refleja la forma en que hoy las empresas informativas pretenden cubrir sus necesidades de información internacional en un mundo en rápida y profunda globalización.

Especialmente revelador es el análisis sobre el perfil humano del corresponsal, su preparación práctica previa, las políticas de reclutamiento por parte de las empresas periodísticas y la formación intelectual que habitualmente se le exige. Las corresponsalías tienen un coste económico proporcional al prestigio que su mantenimiento en puntos estratégicos del mundo suele aportar al medio informativo que las mantiene. La tensión entre prestigio y coste, junto con la creciente globalización de la información, está llevando a las empresas mediáticas a buscar sustitutos que difícilmente encajan en el perfil socio-profesional clásico del corresponsal.

Especialmente desmitificador es el capítulo sobre el “modus operandi” de los corresponsales, que con frecuencia tienen la humana tendencia a reducir excesivamente su esfuerzo personal en la obtención de la información.

El punto culminante de interés del trabajo de Tulloch está en los capítulos en los que se analizan los nuevos desafíos que para los corresponsales significan la globalización y las tendencias a un control riguroso de las noticias en su origen por la propia fuente que las produce. El análisis de la cobertura de la guerra de Irak o la de Bosnia, con la figura de los “incrustados”, es especialmente revelador. De ahí la importancia que para la capacidad interpretativa de un corresponsal tiene una formación intelectual previa y su sexto sentido sobre lo que sucede en realidad bajo la apariencia de hechos confusos y a veces manipulados.

El autor se muestra en todo su análisis muy pegado al terreno y teoriza sólo lo estrictamente necesario, lo que da a su trabajo un carácter fuertemente sociológico. En la encuesta de base han predominado los corresponsales de prensa escrita frente a los de televisión, y esto hace que el estudio de Tulloch, respecto a la especificidad del trabajo televisivo, pueda parecer algo desequilibrado.

De todas formas, cualquier teorización se derrumba ante anécdotas como la de un corresponsal de TV destinado a una importante capital europea en un momento especialmente delicado de la transición española, al que uno de sus jefes dio el siguiente “consejo”: Haz como Hermida, no digas nada pero dilo bien.

En resumen, se trata de una lectura muy interesante para cualquier profesional de la comunicación e imprescindible para aquellos que aspiran a “levantar el vuelo”.

Agustín Alberti