Cartas sobre la formación de sí mismo

Cartas sobre la formación de sí mismo

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Briefe über SelbstbildungPalabra. Madrid (2000). 189 págs. 1.700 ptas. Traducción: José Mardomingo.

Los horrores de la Primera Guerra Mundial manifestaron la fragilidad de las raíces de la cultura en las sociedades desarrolladas y la debilidad de las conciencias particulares. Y la posguerra, con sus resacas, hizo sentir más vivamente las carencias: a unos les llevó hacia la desesperación existencialista, a otros a la frivolidad de los felices años veinte, a otros al extremismo totalitario o revolucionario, y entre los cristianos se sintió la urgencia de renovación. En particular se deseaba para las nuevas generaciones una formación intelectual, humana y doctrinal mucho más integral y coherente. Con ese objeto, se desarrollaron en Alemania varios movimientos juveniles de inspiración cristiana. Guardini, sensible a estas preocupaciones, se incorporó a uno de ellos (Quicborn) y le dedicó las mejores energías de aquellos años. En aquel momento, estaba ya entregado al esfuerzo de revitalizar la vida cristiana: se esforzaba en su apostolado con gente joven, participaba en el movimiento de renovación litúrgica y, desde sus primeros pasos en la docencia, intentaba presentar la doctrina de forma que pudiera inspirar la vida diaria.

Todo esto se refleja en esta colección de cartas, escritas entre los años 1921 y 1924 para los boletines del movimiento Quicborn y publicadas con ligeros retoques en 1930. No por casualidad, la primera es una invitación a la alegría, que debe ser el tono fundamental de la vida cristiana y tiene su fundamento en la relación con Dios. Sigue la sinceridad, aceptada como norma profunda de la vida, y otros rasgos de personalidad que forjan la madurez de una existencia cristiana, como la hospitalidad, el espíritu de oración, la elegancia del estilo y del trato humano, la capacidad de esforzarse y de trabajar a fondo… Guardini enseña a lograr el silencio interior, la serenidad en la vida, el amor a la voluntad de Dios, las disposiciones de entrega a los demás y la austeridad consigo mismo. Todo ello con un estilo claro, acogedor y positivo.

Aunque, en una primera aproximación, podría ser incluido en el vago género de autoayuda, este libro se distingue del común, porque está fundamentado en sólidos principios filosóficos y teológicos que Guardini sabe convertir en guía práctica de la vida diaria.

Juan Luis Lorda

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