Bohemios

TÍTULO ORIGINALBohèmes

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Ollero y Ramos. Madrid (1999). 639 págs. 3.100 ptas. Traducción: Teresa Alonso-Lasheras.

En el Renacimiento se escribe el primer libro que detalla los principales hitos biográficos de los artistas más allá de la leyenda. Después de ese quién es quién que son las Vidas de Vasari, la biografía de artistas ha corrido distinta suerte. Los defensores del medio como creador verdadero, del que el artista no es más que un mero transmisor, propusieron en algunas épocas una historia del arte sin nombres. En cambio, con el furor de las teorías psicoanalíticas pareció que la Historia del arte no sólo era una sucesión de biografías de genios, sino que estos además estaban todos invariablemente trastornados. Los Wittkower indagaron en esa relación entre creación y marginalidad para dictaminar que no necesariamente se tiene que dar por asentada. Así habría también artistas de corbata, after-shave, fútbol y familia, y lo serían tanto como los demás.

Pero hubo un tiempo en que los artistas mismos vilipendiaban a quienes no se dedicaran a epatar al burgués. Y estaríamos en la génesis de la bohemia. Por supuesto que tampoco entonces todos los artistas arrastraron vidas anormales: hoy se recupera la existencia brillantemente sorda de Morandi, por ejemplo.

El libro de Dan Frank es una cita obligada para quien nunca curioseara siquiera en una de las vidas de los artistas y personajes que conformaron las vanguardias o aletearon en su entorno. Compone Frank un friso con sus existencias, desde los primeros que descuidaron su higiene por mor de un arte íntegro hasta la desaparición del último bohemio. Y la estructura es: proemio o los pioneros de la bohemia; el círculo de Montmartre, el Bateau-Lavoir o el entorno de Picasso: el héroe moderno; el de Montparnasse, Modigliani o los heterodoxos dispersos; el normativo de Breton; y Apollinaire como eje que integra a todos ellos. Entreverándolos, una ciudad (París), marchantes (como Kahnweiler), coleccionistas (como los Stein), mujeres de rumbo (como Kiki de Montparnasse), críticos (como el [des]afortunado Vauxcelles), apestados (Cocteau), libreras (como Monnier y Beach), una Gran Guerra, madres de poetas que no quieren que dejen de ser empleados de banca (como la de Apollinaire), abuelas que viven en Avignon (como la de Max Jacob), estrellas fugaces (como Casagemas) y otros seres inclasificables. Y bares, dispendios, correrías y obras: pinturas, esculturas, poemas, obras de teatro por las que se han ganado la atención del siglo.

Son vidas mayoritariamente turbulentas, relatadas por un escritor que renuncia a suplantar a historiadores del arte, aunque vertebre su trabajo sobre un amplio conjunto de citas procedentes de publicaciones de la época. Pero el que sea un escritor y no un historiador del arte el que se enfrenta con sus iguales -sólo el cubismo es analizado con cierto detenimiento- limpia el texto de las reverencias e incomprensiones que a veces aparecen en los especialistas. Y por esa virtud, por estar escrito desde el lado de allá, se aproxima a los retratos que de la bohemia hicieran Valle en sus Luces o Cortázar en su Rayuela. Un libro que no defraudará.

José Ignacio Gómez Álvarez