Balduino, el Rey

TÍTULO ORIGINALBaudouin le roi

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Palabra. Madrid. (2001) 223 págs. 17,52 €. Traducción: Manuel Morera.

Robert Serrou, reportero del Paris Match y autor de otras biografías, ha enmarcado el perfil de Balduino en un contexto histórico, social y familiar muy bien documentado, al que dedica más espacio que a la figura del rey mismo. Serrau abre y cierra la biografía del rey Balduino citando testimonios de admiración y agradecimiento, expresados durante su funeral, el 7 de agosto de 1993. Pronunciados por personas tan diferentes como Luz E. Oral -una prostituta de Manila, por cuyo colectivo el rey había mostrado preocupación-, el coreógrafo Maurice Bejart o Jacques Delors, representan la ola de emoción que la muerte del rey provocó.

“Un rey admirado por muchos, respetado por todos”, afirma el autor, quien se sitúa entre los primeros al presentar con hechos “la vida coherente de este monarca de austeridad legendaria”. Los nueve capítulos de que consta la biografía ofrecen un relato cronológico que comienza con la dinastía Saxe-Cobourg implantada en Bélgica en 1830, y termina con la Bélgica post-Balduino, federada en tres comunidades, Valonia, Flandes y Bruselas. Balduino es el quinto monarca de su dinastía.

Prácticamente toda la información sobre la religiosidad del rey, su relación con el movimiento carismático, sus visitas a Lourdes, así como su primer contacto con Fabiola, está basada en la obra del cardenal Suenens, Balduino: el secreto del Rey (ver servicio 10/96). Serrou la considera una lectura incómoda, “como si violara la intimidad de un hombre que siempre se mantuvo en silencio sobre su fe”, pero no duda de que el prelado sabe de qué habla.

Balduino, el rey es un libro que se detiene con bastante detalle en los dos días que el monarca suspendió su reinado para no hacerse responsable de la ley del aborto. En la carta que escribió a su gobierno exponiendo sus convicciones de conciencia, advertimos la gravedad que para él revestía el caso y cómo supo apelar a su libertad de conciencia: “¿Sería normal que yo fuera el único ciudadano belga que se viera forzado a actuar contra su conciencia en un terreno tan esencial?”. El autor atribuye a la monarquía, pero en especial a Balduino -por su discreción y prudencia-, ser símbolo de unión en un país dividido.

El estilo periodístico de la biografía hace amena su lectura a pesar del cúmulo de testimonios que recoge, sin omitir los comentarios hostiles. La política y la historia se alternan con datos de carácter humano. Cuando alude a sus errores como gobernante, la incómoda relación con su padre y madrasta, o a rasgos de su carácter menos agraciados, lo llena de humanidad y hace resaltar aquello que fue dando calidad y peso a su figura. Balduino, tras una niñez llena de infortunios y un aprendizaje duro, “logró dar al mundo una imagen de Bélgica llena de dignidad y humanismo”.

Carmen Montón

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