Asesinato en Amsterdam

Debate. Barcelona (2007). 233 págs. 19,90 . Traducción: Mercedes García Gamilla.

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El cineasta Theo van Gogh, sobrino nieto del famoso pintor holandés, fue asesinado en Amsterdam en noviembre de 2004 por Mohamed Bouyeri, un holandés de origen marroquí que, como muchos compatriotas de su edad, conocía el sabor del porro y había tenido una novia rubia de ideas liberales. Más adelante, entró en contacto con islamistas radicales que le llevarían a justificar el crimen. El motivo fueron los ultrajes del cineasta a los musulmanes y sobre todo haber filmado Sumisión, un cortometraje de Ayaan Irsi Ali, diputada holandesa de origen somalí que critica sin piedad el trato a la mujer en el islam. Aunque el título del libro está en singular, incluye el asesinato del político populista Pim Fortuyn en mayo de 2002, por un activista defensor de los derechos de los animales. El autor relaciona ambas figuras, así como sus asesinos, y analiza el impacto de los hechos en la sociedad holandesa.

A pesar de entrar en juego el fundamentalismo islámico, la experiencia holandesa no resulta aplicable a otros países y en ello radica parte del atractivo del libro. Buruma indaga en la trayectoria vital de Van Gogh y Fortuyn, en la de sus asesinos y en la de Ayaan Irsi Ali, enmarcándolos en el ambiente holandés en que han crecido o se han movido. Y este telón de fondo ofrece un interesante análisis de la sociedad holandesa, sobre su tolerancia, la tendencia nacional a la ironía hasta llegar a la injuria, el afán de dar lecciones de moral más allá de las fronteras y sobre tabúes como el hablar del origen de alguien o sacar el tema de la deportación de los judíos y el colaboracionismo en la II Guerra Mundial. El autor hace referencias a la historia de los Países Bajos del siglo XVII que enlaza ágilmente con el conflictivo Amsterdam de Job Cohen como alcalde, por poner un ejemplo.

Lo mismo hace con Marruecos y Somalia en relación con Ayaan o Mohamed y sabremos qué opinan unos cuantos islamitas que viven en Holanda desde sus posturas bien diferentes. El libro se lee como una novela de suspense, al terminar un capítulo el lector quiere seguir teniendo respuestas a las cuestiones que el mismo autor plantea a sus interlocutores.

Asesinato en Amsterdam es un libro duro cuando cuenta los perversos insultos que propinaba Van Gogh a judíos, cristianos, musulmanes o enemigos personales; cuando explica las aventuras de Fortuyn, que no tenía inconveniente en hacer públicas sus diversiones como homosexual. O bien cuando el autor nos lleva al barrio rojo de Amsterdam, “explotación implacable de la lujuria humana”, al que tanto partido se saca en el turismo. Pero estas cinco páginas no quitan valor al libro, documentado con rigor, ecuánime en el tono y una ayuda para comprender la complejidad de una sociedad multicultural como la holandesa.

Carmen Montón

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