Antes del fin

Ernesto Sábato

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Seix Barral. Barcelona (1999). 189 págs. 1.800 ptas.

Ernesto Sábato (Buenos Aires, 1911) ha vuelto a mostrar en este libro de memorias el mismo atractivo que caracteriza a toda su obra. No se trata de un autor muy prolífico; cuenta en su haber tan sólo con tres novelas -El túnel, Sobre héroes y tumbas, Abaddón el exterminador- y cerca de una decena de ensayos, lo que, sin embargo, le ha bastado para obtener los más altos galardones en su país y en el extranjero. Se le ha achacado a Sábato una suerte de estancamiento en sus obsesiones vitales, inalterables desde sus primeros escritos hasta los más recientes. Sin embargo, este pesimismo puede considerarse coherente con su visión del hombre. Y ahí es donde precisamente irrumpe con fuerza Antes del fin, que es su libro más personal.

En una primera parte, Sábato rememora algunos sucesos de su vida: cómo decidió dejar la Física para dedicarse a la literatura, sus primeras lecturas y escritos, su actividad anarquista y comunista, su primer contacto con Matilde, la que sería su esposa, su lucha política contra la injusticia…. A continuación, el escritor argentino da cabida a reflexiones pesimistas relacionadas con el derrumbe de la sociedad moderna, donde impera el dinero, los jóvenes ya no quieren tener hijos (“no cabe escepticismo mayor”, dice) y la naturaleza se degrada de modo alarmante. Esta parte, donde el autor cae con frecuencia en numerosos tópicos derrotistas, es la sección más floja del libro.

La última parte, “El dolor rompe el tiempo”, la dedica a sus últimos años, y aquí es donde se produce un salto novedoso respecto al resto de sus obras y donde salen a relucir sus reflexiones más íntimas y profundas. Tienen una fuerza estremecedora los pasajes que dedica a su hijo fallecido, Jorge Federico, o a su mujer, también muerta recientemente. Y ese dolor por la pérdida de los suyos es el que ha conducido a Sábato, antes del fin, hasta ese sentido de la existencia buscado durante mucho tiempo.

A modo de epílogo, Sábato se dirige principalmente a la juventud, a la que alienta a luchar -desde una posición que él llama anarco-cristiana- contra toda injusticia o modelo social que rebaje al hombre.

En esta obra, Sábato sigue siendo el mismo, una persona atormentada que mira la realidad desde un punto de vista muy pesimista. Sin embargo, y con la misma fuerza expresiva, esta vez apuesta definitivamente por la esperanza. La aparente contradicción entre Dios y la presencia del mal, el sufrimiento o la injusticia, la resuelve finalmente con unas palabras de Oscar Wilde: “Donde hay sufrimiento hay un suelo sagrado”.

Pablo de Santiago

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