Albert Camus. Una vida

TÍTULO ORIGINALAlbert Camus. Une vie

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Tusquets. Barcelona (1997). 886 págs. 3.900 ptas. Edición original: Gallimard. París (1996). Traducción: Mauro Armiño.

Sobre Albert Camus teníamos la biografía que escribió Herbert R. Lottman en 1978. En 1996, Olivier Todd publica una nueva biografía del escritor, premio Nobel de Literatura en 1957. Ochocientas páginas sobre la vida de un hombre dan para mucho, especialmente si esa vida ha sido corta (47 años). El periodista y escritor francés Olivier Todd se ha tomado cuatro largos años para escribirla. Ha tenido acceso a archivos antes no consultados y a correspondencia cedida por los numerosos amigos, amantes y hasta enemigos, personalidades que han dejado huella en la historia de nuestro tiempo (Sartre, Malraux, Koestler, Aron, Revel…).

Todd sigue paso a paso esa vida. Nos topamos con los problemas que tuvo que resolver Camus, y fueron muchos: la pobreza de su infancia sin padre; la tuberculosis que contrajo a los 17 años y que no le abandonó jamás; sus dudas en cuanto a sus estudios, pues aunque estaba seguro de que quería ser escritor, tuvo que compaginarlo por motivos económicos con la docencia y el periodismo; su recorrido político, que le llevó desde la indiferencia al comunismo militante, y, después de su expulsión del Partido, sus esfuerzos por mantenerse al margen de la política a causa del doloroso problema de Argelia, su segunda patria, que amaba y que caminaba hacia la independencia.

Camus aseguraba que “la idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos ha legado”. Y añadía: “las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia”. Pero, dice Todd, “ese casi pesa mucho”.

En 1959, un año antes de su muerte, Camus contestaba a unos periodistas: “Los críticos franceses han olvidado lo que hay de ciego y de instintivo en mí. Se interesan sobre todo por las ideas”. Es quizá esa parte ciega e instintiva la que nos descubre Camus en los personajes de sus obras, porque hay un hilo conductor que nos traslada desde un optimismo casi ingenuo a una desesperanza trágica (La caída), pasando por el sentimiento del absurdo (El extranjero).

Su obra, centrada primero en una felicidad trivial, se desliza hacia una inquietud individual, desde la cual se cuestiona el sentido del sufrimiento humano (La peste). Este discurso en torno a las grandes ideas da lugar a que algunos críticos le consideren como filósofo antes que como novelista o dramaturgo.

No queriendo ir más allá de lo que ve y toca, y ateniéndose a lo que comprende con la razón, no llega a descubrir un sentido a la vida. Pero, a pesar de todo, considera que “mantenerse en esa arista vertiginosa es la honestidad”.

En el umbral de su muerte inesperada, nos queda ese grito de desesperanza de su último héroe -en La caída- que descubre el mal no sólo alrededor de él, sino dentro de él: el mal moral, el pecado. Todd escribe ya al comienzo de la biografía: “Este joven no es creyente, pero juega sin cesar con la idea de Dios”.

Todd intenta hacer la conexión del hombre con su obra, especialmente con El extranjero, La peste y La caída. Y esta conexión resulta a veces sorprendente. Camus era un hombre contradictorio, lleno de dudas, sincero en sus búsquedas y desgarrado entre extremos, solitario y solidario, pero a la vez seductor, teatral, ávido de felicidad, sin preocuparse mucho de que esta forma de ser pudiera hacer sufrir a los que le rodeaban. Con cierta ligereza afirmaba que siempre había hecho felices a “sus mujeres” y, sin embargo, ahí está un reproche de Francine, su segunda mujer: “¿Cómo puedes hablar de amor si eres incapaz de amor?”, o este otro: “Siempre estás defendiendo las causas de unos y otros. Pero ¿oyes en realidad los gritos que te lanzan?”.

Esta ambivalencia se refleja en la biografía de Todd, que, según sus palabras, “no es ni una desmitificación ni una hagiografía”. Más bien ayuda a comprender mejor a un hombre con sus fuerzas y sus debilidades, destacando sus facetas positivas.

María Isabel Miralles