Una pintura que recrea el pasaje evangélico de Jesús prisionero ante Pilato –un Ecce Homo– ha estado en la pared de una casa madrileña durante décadas. Cuando la familia ha querido sacarle algún partido al cuadro, lo ha enviado a una reconocida casa de subastas, que lo ha anunciado en su catálogo online con un precio de salida de 1.500 euros. Una verdadera bagatela para lo que la experta mirada de varios historiadores del arte cree reconocer en el lienzo: un Caravaggio del que no se tenía noticia y que ha permanecido oculto, “dormido”. En el argot de los entendidos, un auténtico sleeper, de esos que aparecen cada cien años.
El documental de Álvaro Longoria (Ni distintos, ni diferentes: Campeones, The Propaganda Game), nominado al Goya en su próxima edición, constituye un excepcional acercamiento al itinerario que sigue una obra de arte desde su “descubrimiento” hasta su restauración. El director toma de la mano al espectador y lo lleva a Londres, a Nápoles, a Roma, a Génova, a Madrid…, a las galerías donde se exponen obras del “pintor maldito”, y en esas estancias, en la penumbra atravesada por haces de luz –los claroscuros tan del estilo del artista–, lo invita a acercarse a algunas de estas creaciones con las herramientas del experto, revelándole detalles y matices esenciales.
Al sobrio despliegue de criterios técnicos relacionados estrictamente con la creación artística, se suma en el filme una incursión en el mundo del comercio de arte. Hay pugna, dura competencia, euforia, resignación… “Un sleeper es el sueño de todo anticuario”; “es el premio gordo”, aseguran los contendientes. Si para llevárselo hay que pegarse dentelladas –la cortesía y las buenas formas siempre por delante, por supuesto–, pues se pegan.
La historia, que transcurrió entre 2021 y 2024, está narrada al modo de un thriller en que el espectador irá descubriendo, al tiempo que los protagonistas, los elementos clave de una trama coronada por un final apabullante.