Aspiraba a ganar Wimbledon, pero su vida de joven aristócrata dio varios giros imprevistos. En una larga estancia en Estados Unidos, el tenista Javier Sartorius conectó con un modo diferente de entender la vida que le llevó a una sincera conversión espiritual.
Josepmaria Anglés llevaba algunos años escribiendo guiones para documentales de género religioso con notable distribución y estreno en salas, como Guadalupe: Madre de la Humanidad o Corazón de padre. En su segunda película como director ha tomado la opción de la recreación con actores, una decisión arriesgada que no siempre resulta acertada, especialmente por la selección del casting. El actor elegido en este caso es el primerizo Tomás Farell, que cumple con las expectativas al combinar el atractivo físico, la empatía con el espectador y una interpretación matizada de su conversión interior.
Aunque quizás sobre de edición y metraje a mitad de documental, el guión sabe alternar diferentes voces, lo que da dinamismo y espontaneidad a un relato en el que hay conflictos familiares, dudas y certezas de un joven creíble, con una sensibilidad muy auténtica que fue capaz de encontrar el rostro de Dios en los más pobres. Ese proceso espiritual está desarrollado con elegancia y naturalidad, mostrando una religión cercana y asequible que responde a los anhelos más profundos del ser humano.
Solo Javier volvió a demostrar la excelente salud del documental español que se atreve a dar el salto a la pantalla grande, siendo uno de los más vistos del año junto a otras producciones tan premiadas como Flores para Antonio o Tardes de soledad.