Tania Head estaba trabajando en la planta 78 de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. Fue una de las pocas supervivientes de aquel terrible atentado, donde perdió la vida su prometido. Con una resiliencia sorprendente, Head se convirtió en una de las caras más visibles de los supervivientes del World Trade Center cuya asociación llegó a presidir.
El problema es que el párrafo anterior es falso, como descubrieron dos periodistas del New York Times en el 2007. Head llevaba seis años siendo guía de la zona cero, buscando recursos para los supervivientes y conmoviendo a la audiencia con su emotivo relato. Pero los periodistas David W. Dunlap y Serge F. Kovaleski descubrieron que las piezas no encajaban. Tania Head no existía. Existía Alicia Esteve, una barcelonesa que, cuando vio que los aviones se estrellaban contra las torres, viajó a Nueva York para vivir su propia y ficticia aventura.
Ayúdanos a sacar adelante Aceprensa. Suscríbete o haznos un Bizum (10010) por la cantidad que quieras.
Kike Maillo ya había documentado la vida de un falsificador, en este caso de arte, en Oswald, el falsificador. La historia de Head es muy potente y recuerda a la de Enric Marco, pero al contrario que la apuesta narrativa de ficción de Aitor Arregi y Jon Garaño en la sobresaliente Marco, Maíllo opta aquí por el documental puro y duro, con el único peaje de una actriz que interpreta a Head en algunos momentos concretos. Esos pasajes ficcionados son lo más flojo de un documental notable que se sigue muy bien, que tiene nervio periodístico, que acierta en el modo de presentar las entrevistas con los testigos y que permite acercarse –en este 25 aniversario de la catástrofe– a una de esas historias reales que superan cualquier ficción.