Vatileaks y la vitalidad de la Iglesia

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Duración lectura: 2m. 28s.

Para Rafael Navarro-Valls, los documentos filtrados en el llamado Vatileaks revelan el normal intercambio de opiniones en el Vaticano y no tienen contenidos demasiado sorprendentes.

En un análisis publicado en el diario El Mundo (6-06-2012), Rafael Navarro-Valls compara estas revelaciones con otras dos filtraciones famosas: Watergate y Wikileaks. Respecto a la primera, los documentos del Vaticano carecen de importancia objetiva: “Se trata de puntos de vista, valoraciones, opiniones, etc., de contenido no demasiado sorprendente. Ninguna de esas cartas roza ni siquiera la seguridad nacional”.

En cuanto a la unidad de los temas tratados en las filtraciones, el Vatileaks está en las antípodas de Watergate, y en cambio se acerca más a Wikileaks. Parece más una pataleta de alguien enfadado con el “sistema”, en este caso religioso en vez de político, que la denuncia honesta de una actuación en particular delictiva o reprobable. De ahí que Navarro-Valls dude de la supuesta buena intención de los llamados “cuervos”, que hablan de “defender al Papa de sus colaboradores”.

Para Navarro-Valls, el Vatileaks lleva la impronta del típico ataque basado en la desinformación. En primer lugar está la confusión de noticias, sin nexo objetivo pero presentadas como si fueran distintos elementos de un mismo paisaje: “el Vatileaks trata de mezclar en un puzle explosivo el Banco Vaticano, la penosa vida de Maciel, los supuestos problemas litúrgicos de un movimiento eclesial o la discusión de cómo administrar mejor los recursos dedicados al cuidado de los jardines vaticanos”, señala Navarro-Valls.

Por otro lado, todo el supuesto escándalo huele demasiado a Dan Brown. Los medios de comunicación no han tardado en sucumbir a los encantos novelescos de personajes como los cuervos o el mayordomo infiel. Sin embargo, el glamour y la intriga desaparecen cuando se observan directamente los documentos, en los que habitualmente se discuten temas nada anormales para la Iglesia, como la liturgia o la administración de sus propiedades. Incluso en el tema con más posibilidades para los “buscadores de historias” –el papel de la Iglesia en la verificación del cese de la violencia por parte de ETA–, el documento filtrado revela una prudencia y un sentido común aplastantes por parte del cardenal Bertone.

Con todo, ese documento es una respuesta a una carta, y en ella se expone una opinión reposada y argumentada, pero nada más que una opinión. Como señala Navarro-Valls, este y otros documentos filtrados “dejan ver un modo de trabajar en la curia vaticana, en la que quien tiene o cree tener algo que decir lo dice o, más bien, lo escribe, y lo hace llegar al Papa o a sus colaboradores más cercanos”. Esta forma de actuación, que mezcla la libertad de opinión con la prudencia, es para Navarro-Valls un signo de la vitalidad de la Iglesia y no un escándalo del que deba avergonzarse.