Una Plataforma de Organizaciones Islámicas hace una campaña entre las comunidades musulmanas en Europa

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Duración lectura: 3m. 39s.

De tanto en tanto, se alzan, desde el interior del islam, voces críticas hacia algunas prácticas deshumanizadoras vigentes en ciertos sectores de las comunidades musulmanas. La semana pasada la Plataforma de Organizaciones Islamistas de Rijnmond (SPIOR) ha comenzado una campaña contra los matrimonios forzosos entre las comunidades musulmanas que viven en Europa.

“Hay un muro de silencio respecto a este tema dentro de las comunidades que lo practican, como la musulmana. En muchos casos no sabemos ni qué está pasando”, explica Tariq Ramadan, profesor de Estudios Islámicos del St. Anthony’s College de Oxford y responsable de la iniciativa de SPIOR. “La presión es tan fuerte -continúa Ramadan- que los implicados en estas uniones piensan que debe ser así. No lo hablan con nadie y no se niegan”.

La campaña iniciada recorre en estas semanas varias ciudades de Europa: Rotterdam, Bruselas, Berlín, Madrid, París, Roma y Londres.

Entre los inmigrantes

La Plataforma sostiene que los escasos estudios en este campo apuntan a que el problema en los países de la Unión Europea es mayor de lo que las cifras oficiales sugieren. Marianne Vorthoren, portavoz de SPIOR, afirmó durante la presentación del proyecto en la Casa Árabe de Madrid, que su organización ha detectado un incremento del número de chicas que escapan de sus familias para huir de un matrimonio impuesto.

El Reino Unido ensaya, desde hace años, políticas dirigidas a erradicar esta injusticia. Con este fin se creó hace tres años la Unidad contra los Matrimonios Forzosos, que ofrece asesoramiento también mediante un servicio online.

En España, de momento hay quienes prefieren las medidas educativas y de integración. “Yo dudo de que una legislación específica contra los matrimonios forzosos pueda ser eficaz”, dice Mohamed Chaib, director del Centro Cultural Ibn Batuta y diputado del Partido Socialista de Cataluña. En su opinión, “lo que hay que hacer es educar a las familias en los derechos que la mujer musulmana ya tiene, como el Código de Familia marroquí, uno de los más avanzados del mundo árabe-musulmán y que hemos traducido al español y al catalán”. También ve necesario “explicarles las leyes de igualdad vigentes en España o las relativas a los derechos de la infancia, porque muchos desconocen estas regulaciones”.

Cambiar las cosas desde dentro

Sea como fuere, la iniciativa de SPIOR busca un cambio desde dentro del islamismo. En esto coinciden Ramadan y Vorthoren: “No podemos aceptar que estos enlaces se hagan en nombre de la religión cuando no es algo islámico”. Y en la misma línea se manifiesta Mohamed Al Afifi, portavoz del Centro Cultural Islámico (Mezquita de la M-30) de Madrid, cuando afirma que “un matrimonio forzoso es ilegítimo para el islam, que requiere el consentimiento de las dos partes contrayentes”. Por su parte, Abdel Hasib Tastineida, director del Centro Islámico de Granada, pide que no se mezcle esta cuestión con la religión islámica, ya que, según él, “la práctica corresponde a las costumbres culturales de determinados pueblos. Por ejemplo, es común en la India y Pakistán, pero muy poco frecuente en el Magreb”.

Entre las comunidades musulmanas, estas prácticas buscan en ocasiones reforzar vínculos familiares, asegurar que las riquezas y los bienes permanecen dentro de la familia y proteger los ideales culturales o religiosos. Otras veces son una respuesta a obligaciones o promesas antiguas o una ocasión de ganar influencia sobre alguien de su propia familia. En el contexto de las corrientes migratorias, los matrimonios forzados son también un último medio para entrar en el país mediante la reagrupación familiar. En todo caso, cuanto más difícil sea la situación económica en el país de origen de los padres, existe más posibilidad de que actúen en contra de los deseos de sus hijas.

Son matrimonios forzosos, pero sobre todo matrimonios tempranos, que implican a menores de 18 años que son obligados a estas uniones. El consentimiento lo da una tercera persona (wali) sin que la chica o el chico tenga la oportunidad de ejercer su derecho a escoger. Se les considera simplemente demasiado jóvenes para poder tomar una decisión sensata.