Una “mala salud” envidiable

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 1m. 58s.

Contrapunto

El comienzo del Sínodo sobre la vida consagrada sólo mereció una foto en el International Herald Tribune (3-X-94). La imagen mostraba al Papa durante la misa de apertura y llevaba este pie: “Juan Pablo II inaugurando, el domingo en el Vaticano, un sínodo de obispos dedicado a la falta de influencia de las mujeres en la Iglesia católica”.

También es curioso el breve titular (“Papal appearance”) que da entrada al pie de foto, pues destacar que Juan Pablo II se mostró en público sólo se entiende suponiendo que eso es algo poco común últimamente. Lo que remite de modo implícito a los continuos rumores sobre la decadencia física del Papa, multiplicados a raíz de que cancelara la visita a Estados Unidos.

En realidad, excluidos dos viajes aplazados, la actividad pública de Juan Pablo II no es precisamente escasa. Sin ir más lejos, la semana previa al inicio del Sínodo tuvo treinta audiencias a obispos en visita ad limina y a otras personalidades, además de la general de los miércoles y otra a los participantes en un congreso. El domingo no faltó a su cita semanal a la hora del Angelus. Poco antes, el 17 y el 18 de septiembre, realizó una nueva visita pastoral (la número 116 dentro de Italia) a la archidiócesis de Lecce, donde cumplió el siguiente programa: acto de bienvenida, misa en un estadio -con homilía y alocución final-, inauguración de un seminario, reunión con jóvenes y apertura de un sínodo diocesano. No está mal para un Papa “depauperado”.

Bastaría que los periodistas empeñados en enterrar al Papa prestaran atención a la actividad habitual de Juan Pablo II para que se decidieran a sepultar los rumores. De paso, los del Trib se habrían enterado de que, durante junio y julio pasados, el Papa dedicó cinco audiencias generales a la misión de la mujer en la Iglesia, por no mencionar la extensa carta Mulieris dignitatem, de 1988. Tal vez por esto, y por tener una agenda tan apretada, Juan Pablo II no ha convocado aún un Sínodo sobre la influencia femenina. Como tampoco otro sobre la falta de información de algunos medios acerca de la Iglesia católica, aunque sería interesante.

Rafael Serrano

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares