Una guía para mejorar América

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Duración lectura: 6m. 17s.

El documento postsinodal “Ecclesia in America”
En la exhortación apostólica Ecclesia in America, el Papa recoge las conclusiones de la asamblea para América del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en el Vaticano del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997. El objetivo del sínodo fue preparar a la Iglesia para entrar en el nuevo milenio y fomentar un nuevo sentido de solidaridad entre todos los pueblos del continente (aspecto subrayado también por el uso de “América”, en singular, sin distinción entre norte, centro y sur).

El sínodo americano fue uno de los cinco sínodos continentales que el Papa convocó como preparación del Jubileo del año 2000.

Consecuencias del encuentro con Cristo

La idea central de la exhortación Ecclesia in America, como lo fue del sínodo, gira en torno al “encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América”. En el documento se subraya que de ese encuentro con Cristo, que es en primer lugar un encuentro personal (y se produce por medio de la oración, los sacramentos y la caridad), se derivan consecuencias para la vida social y política de las naciones y del entero continente. “La conversión no es completa si falta la conciencia de las exigencias de la vida cristiana y no se pone esfuerzo en llevarlas a cabo”.

Juan Pablo II trata en el documento de la identidad cristiana de América, de los aspectos positivos y negativos del momento actual y apunta por dónde debe ir la renovación de la Iglesia en el continente. Entre los aspectos positivos de la situación actual de América, el Papa cita “la creciente implantación de sistemas políticos democráticos y la progresiva reducción de los regímenes dictatoriales”. La Iglesia ve con agrado esa evolución porque supone un creciente respeto de los derechos de cada uno: “El Estado de Derecho es la condición necesaria para establecer una verdadera democracia”.

Laicos en la vida pública

Entre los aspectos negativos, se mencionan las consecuencias de una globalización que se rija sólo por las leyes del mercado. También es amplia la referencia al peso de la deuda externa que afecta a muchas naciones americanas, al fenómeno de la corrupción y al tráfico y consumo de drogas.

Para la renovación de la Iglesia en América, el Papa pone un especial énfasis en el papel de los laicos. “América necesita laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad. Es urgente formar hombres y mujeres capaces de actuar, según su propia vocación, en la vida pública, orientándola al bien común. En el ejercicio de la política, vista en su sentido más noble y auténtico como administración del bien común, ellos pueden encontrar también el camino de la propia santificación. Para ello es necesario que sean formados tanto en los principios y valores de la doctrina social de la Iglesia, como en nociones fundamentales de la teología del laicado”. Si bien es cierto que los laicos pueden llevar a cabo trabajos “intraeclesiales”, el documento dice que hay que procurar que esas tareas coexistan “con la actividad propia de los laicos, en la que no pueden ser suplidos por los sacerdotes: el ámbito de las realidades temporales”.

Prioridad a la doctrina social

La doctrina social de la Iglesia ofrece respuestas para que los católicos puedan buscar soluciones concretas a los graves problemas de orden social que existen en América. “Difundir esta doctrina constituye, pues, una verdadera prioridad pastoral”. Del texto se podría deducir que el Papa quiere poner de relieve que la “desaparición” de la teología de la liberación no quiere decir que se olviden los problemas sociales que pesan sobre parte del continente. Por ese motivo insiste tanto en la necesidad de conocer, difundir y aplicar la doctrina social de la Iglesia.

El documento recuerda tres principios fundamentales que ayudan a valorar moralmente algunos fenómenos y doctrinas: la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiariedad. En este sentido, merece un juicio negativo el “neoliberalismo”, entendido como un “sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y de los pueblos”.

Evangelizar a los pobres y a los dirigentes

En varios pasajes del texto se recuerda la importancia del amor preferencial por los pobres y marginados. “Amando a los pobres el cristiano imita las actitudes del Señor, que en su vida terrena se dedicó con sentimientos de compasión a las necesidades de las personas espiritual y materialmente indigentes”. Ese amor, sin embargo, “no es exclusivo y no puede ser interpretado como signo de particularismo o de sectarismo”. Citando algunas de las conclusiones del sínodo, el Papa apunta que tal vez un cierto exclusivismo ha llevado a descuidar “la atención pastoral de los ambientes dirigentes de la sociedad, con el consiguiente alejamiento de la Iglesia de no pocos de ellos”.

Es necesario, por tanto, “evangelizar a los dirigentes, hombres y mujeres, con renovado ardor y nuevos métodos, insistiendo principalmente en la formación de sus conciencias mediante la doctrina social de la Iglesia. Esta formación será el mejor antídoto frente a tantos casos de incoherencia y, a veces, de corrupción que afectan a las estructuras sociopolíticas. Por el contrario, si se descuida esta evangelización de los dirigentes no debe sorprender que muchos de ellos sigan criterios ajenos al Evangelio y, a veces, abiertamente contrarios a él”.

Confesiones cristianas y sectas

Por lo que se refiere a las relaciones con las otras confesiones cristianas, es interesante la precisión que hace el Papa: “Es necesario distinguir con claridad las comunidades cristianas, con las cuales es posible establecer relaciones inspiradas en el espíritu del ecumenismo, de las sectas, cultos y otros movimientos pseudorreligiosos”. Entre las primeras y la Iglesia católica, existen lazos de comunión, aunque imperfecta. Por el contrario, “la acción proselitista que las sectas y los nuevos grupos religiosos desarrollan en no pocas partes de América es un grave obstáculo para el esfuerzo evangelizador”. El Papa puntualiza que, en ese contexto, la palabra “proselitismo” tiene un sentido negativo cuando refleja “un modo de ganar adeptos no respetuoso de la libertad de aquellos a quienes se dirige una determinada propaganda religiosa. La Iglesia católica en América censura el proselitismo de las sectas y, por esta misma razón, en su acción evangelizadora excluye el recurso a semejantes métodos”.

El Papa afirma que el avance de las sectas en América debe ser un motivo de reflexión para “descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia”. Se debe reflexionar sobre los métodos pastorales empleados, de modo que cada Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa más personalizada, use las posibilidades evangelizadoras de la religiosidad popular, etc. “Como señalaron algunos padres sinodales, hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen esos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual”.

Diego Contreras

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