Un historiador ateo valora el aporte del cristianismo en Europa

dominion foto Twitter Tom Holland

Pese al auge de cierta “nostalgia” por una antigüedad pagana hipotéticamente “libre de dogmas y prejuicios”, es un hecho que el cristianismo transformó para bien a la civilización occidental. Así lo afirma un ateo, el historiador británico Tom Holland, en su reciente obra Dominion: The Making of the Western Mind. (Dominio: La formación del pensamiento occidental).

En su reseña del libro, publicada en Position Papers, el crítico James Bradshaw apunta que Holland no tiene el propósito de empujar al público a franquear las puertas de la Iglesia, sino que su exhaustivo estudio de la sociedad pagana grecolatina le ha llevado a una conclusión interesante: “Cuantos más años paso inmerso en el estudio de la antigüedad clásica, más intensamente extraña la encuentro”, dice el autor.

“Los valores de Leónidas, cuyo pueblo practicaba una forma particularmente brutal de eugenesia y preparaba a sus jóvenes para matar durante la noche a los ‘subhumanos’, no son nada que pueda reconocer como mío; ni lo son los de César, de quien se dijo que mató a un millón de galos y esclavizó a otro millón. No es solo la extrema crueldad lo que me fastidia, sino la completa ausencia de sentido de que los pobres o los débiles puedan tener un mínimo valor intrínseco”.

En consonancia con ello, enumera las ejecuciones públicas de esclavos, los combates de gladiadores para diversión del público, el muy difundido abandono de niñas recién nacidas en los basureros, y así. “Nada de esto –apunta Bradshaw– fue erradicado por el cristianismo inmediatamente, y la continuación de la esclavitud fue un obvio y triste ejemplo, pero con el tiempo, los principios morales cristianos se incrustaron de tal forma en las sociedades europeas que los mayores abusos de la Grecia y la Roma antiguas se volvieron impensables”.

Como explica Holland, no había nada en el politeísmo grecorromano que hiciera detenerse a un noble romano en su propósito de violar a su joven esclava, o a un general, de ordenar que sus legionarios aniquilaran a una tribu derrotada.

El intelectual británico subraya en su obra, además, el papel vital que desarrolló el pueblo judío en la comprensión de un Dios diferente, cuyas acciones –en su mayor parte– podían ser comprendidas, y describe cómo la evolución histórica del pensamiento occidental parte, inevitablemente, de la figura de Jesús. Una realidad que, sin embargo, los ateos modernos obvian, como si los conceptos de “dignidad humana” y “derechos humanos” hubieran brotado de la nada.

“Hay mucho que admirar en este libro –afirma Bradshaw–, sin menospreciar el hecho de que un historiador no creyente se haya tomado tanto tiempo para examinar el positivo rol del cristianismo en la creación de un mundo más amable, gentil y caritativo”.

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