Sínodo de Obispos de la Iglesia ortodoxa rusa

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Duración lectura: 1m. 51s.

El Sínodo de Obispos de la Iglesia ortodoxa rusa, que finalizó en Moscú el 4 de diciembre, decidió que es mejor no plantearse por ahora la canonización del último zar de Rusia, Nicolás II Romanov. El Sínodo decretó también que los sacerdotes no deben intervenir en actividades políticas.

El intento de presentar como “mártir de la fe” al contradictorio Nicolás II es muy discutible, según algunos comentaristas. Muchos recuerdan que el último zar, asesinado por los bolcheviques, prohibió durante varias décadas la convocatoria del concilio de la Iglesia ortodoxa rusa. También se le reprocha que dependiera de los consejos de Rasputín en la toma de decisiones importantes. La Iglesia sigue considerando a Rasputín un “hereje” y “apóstata”, que causó graves perjuicios a Rusia.

En cambio, el Sínodo aprobó la canonización de tres nuevos santos: el obispo Filarete Drozdov (1782-1867), metropolita de Moscú, y dos misioneros ortodoxos que trabajaron en Norteamérica, los sacerdotes Alexandr Chotovicki (1872-1937) y Joann Kotchurov (1871-1917).

El Sínodo ha decretado que los sacerdotes no deben formar parte de movimientos o partidos políticos, ni presentarse a elecciones locales o nacionales. Por negarse a dejar la política, el Sínodo ha privado del ejercicio del sacerdocio a Gleb Yakunin, que fue elegido miembro del Parlamento dentro del bloque político “Opción por Rusia”.

La creación de una red de escuelas parroquiales y de enseñanza secundaria a través de toda Rusia fue otra de las decisiones del Sínodo, si bien es un objetivo a largo plazo por falta de medios en la actualidad. Los obispos hicieron hincapié también en los proyectos de acción caritativa, para ayudar a los desasistidos del postcomunismo.

Una cuestión que ha provocado polémica dentro de la Iglesia es la idea de celebrar la liturgia en ruso vulgar. Actualmente se usa el lenguaje eslavo de la Vieja Iglesia, que la mayoría de los fieles no entienden. Dos sacerdotes de Moscú -Giorgij Kochetkov y Alexandr Borisov-, que habían comenzado a utilizar en la liturgia el ruso vulgar, han debido abandonar esta experiencia por orden del Patriarcado de Moscú.

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