Roma extrema la paciencia con los lefebvrianos

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Duración lectura: 3m. 24s.

La comisión pontificia Ecclesia Dei, constituida para llevar adelante el diálogo con la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, y tratar de superar el cisma de los lefebvrianos, acaba de hacer pública una declaración en que les da más tiempo para que reconsideren su posición: a comienzos de septiembre habían indicado a Roma que necesitaban “un tiempo suplementario, de reflexión y de estudio, para preparar su respuesta a las últimas iniciativas de la Santa Sede”.

La noticia se difunde días después de que se consumara un cierto cisma dentro del cisma, con la expulsión de Richard Williamson, uno de los cuatro obispos ordenados ilícitamente por Marcel Lefebvre en 1988. En 2009 alcanzó notoriedad pública por sus afirmaciones negacionistas del Holocausto, justo cuando el Papa levantaba la excomunión de los obispos lefebvrianos como signo favorable al diálogo (cfr. Aceprensa, 27-01-2009).

Los superiores generales de la Fraternidad tomaron esa decisión a comienzos de octubre, ante su falta de respeto y obediencia a los órganos de gobierno. Williamson venía publicando cada semana sus Commentaires Eleison, una especie de newsletter con su visión de la fe católica, en la que atacaba duramente a la “Roma modernista” y también al obispo Bernard Fellay, superior de la Fraternidad. Su distanciamiento era cada vez más notorio, hasta el punto de que fue excluido de la reunión celebrada en Albano en octubre de 2011, para debatir la respuesta al llamado “preámbulo doctrinal” de la posible reconciliación con Roma.

Los lefebvrianos tienen que decir si aceptan una declaración doctrinal sobre cuestiones controvertidas en torno al Concilio Vaticano II

Como manifestación de su afán de independencia, Williamson publicó en el diario Rivarol una extensa carta abierta a Fellay, en la que trata de justificar su aparente desobediencia en función de su fidelidad a Lefebvre. Acusa a Fellay de haber traicionado el espíritu de la Fraternidad, y considera que su compromiso es perpetuo, y no puede borrarse de un plumazo. Le sugiere que dimita como Superior “por la gloria de Dios, el bien de las almas, la paz interior de la Fraternidad y su propia salvación eterna”.

Esa actitud contrasta radicalmente con la mesura del comunicado vaticano que, lógicamente, no entra en ese asunto, sino en la situación de las relaciones con Roma: “El estado actual de las discusiones entre la Santa Sede y la Fraternidad sacerdotal es fruto de tres años de diálogos doctrinales y teológicos, durante los cuales una comisión conjunta se ha reunido ocho veces para estudiar y discutir, entre otras cosas, algunos puntos controvertidos en la interpretación de diversos documentos del Concilio Vaticano II. Una vez concluidos dichos diálogos doctrinales, fue posible pasar a una fase de discusión orientada más directamente al gran deseo de reconciliación de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X con la sede de Pedro”.

La nota recuerda los hitos del camino recorrido, especialmente por parte de la Santa Sede: la extensión a la Iglesia universal en 2007 de la forma extraordinaria del rito romano con el motu proprio Summorum Pontificum; la abolición de las excomuniones en 2009; en fin, en ese arduo camino, “se llegó a un punto fundamental hace solo algunos meses cuando, el 13 de junio de 2012, la Comisión Pontificia presentó a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X una declaración doctrinal acompañada de una propuesta de regularización canónica de su estado en la Iglesia católica”.

El documento concluye que, en la espera de la respuesta, “es comprensible que haga falta tiempo para asimilar el significado de estos hechos recientes. Ya que nuestro Santo Padre Benedicto XVI quiere promover y preservar la unidad de la Iglesia mediante la reconciliación, largamente esperada, de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X con la Sede de Pedro –una fuerte manifestación de la actuación del munus Petrinum– es necesario tener paciencia, serenidad, perseverancia y confianza”.

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